LA MISIOLOGIA DE LA IGLESIA DE DIOS DEL PERU: UNA
PERSPECTIVA HISTORICA.
PONENCIA DE
INGRESO PRESENTADA ANTE LA FRATERNIDAD TEOLOGICA LATINOAMERICANA – NUCLEO PERU
POR: JUAN A. FONSECA ARIZA
El
movimiento pentecostal latinoamericano, la fuerza más vigorosa del
protestantismo en nuestro continente, está recientemente revalorizando sus
raíces, particularidades y contribuciones. En este proceso, el reencuentro con
su historia se constituye en el elemento principal de su identidad. Así, los
participantes del Encuentro Pentecostal Latinoamericano afirman:
Como parte de un proceso de
búsqueda de identidad y de lo autóctono en Latinoamérica, creemos indispensable
fortalecer aquellos esfuerzos de recuperación y apropiación de nuestras raíces
históricas, tanto en cada uno de nuestros países como en el sub – continente.
Esto nos permitirá comprender cuál es nuestro papel como colaboradores en la
misión de Dios por la redención y la plenitud de todo varón y de toda mujer, y
de toda la creación[1].
La
historia cumple su papel al retornar al pasado para proyectarse al futuro. Así,
como varios autores lo han planteado, la reflexión misiológica se nutre de la
Historia pues la Iglesia hace la misión históricamente[2].
Felizmente, como lo demuestra nuestra primera cita, el protestantismo, y con
ello pentecostalismo, crecientemente está recuperando esta perspectiva.
Así,
considerando lo anterior, pretendemos en nuestro trabajo hacer un análisis de
la misiología de la Iglesia de Dios del Perú, expresión nacional de una
denominación pentecostal mundial con sede en los E.E.U.U. (Church of God,
Cleveland – Tennessee) y en cuyos orígenes e historia combina peculiarmente
elementos del movimiento de santidad y del pentecostalismo. Como parte de su
cuerpo ministerial, nos sentimos identificados con ella. De allí que la
búsqueda de nuestra identidad denominacional como una forma particular de ser
pentecostal, está entre los objetivos principales de nuestro trabajo. Asimismo,
el análisis de su misiología nos preocupa por un motivo esencialmente práctico:
buscar alternativas creativas y originales de trabajo misionero para la
denominación en la coyuntura presente.
Parte
de lo que vamos ha escribir ha sido vivido directa e indirectamente por
nosotros. Ello puede ser una ventaja en tanto hemos sido, antropológicamente
hablando, “observadores participantes”; sin embargo, existe también la
limitación de no lograr una completa objetividad en la evaluación de algunos
aspectos. Es una dificultad que la advertimos desde el inicio, aunque
procuraremos siempre ser lo más objetivos posible.
Por
las limitaciones de tiempo y recursos, así como por la propia naturaleza a la
que esta ponencia corresponde, ésta es presentada a modo de un avance de
investigación que esperamos profundizar posteriormente. Por su naturaleza
introductoria, solo analizaremos brevemente los principales elementos que una
investigación sobre la misiología de la Iglesia de Dios (en adelante ID) debe
tener en cuenta.
El
trabajo tendrá dos secciones principales. En la primera haremos una
recapitulación histórica de las etapas por las que la Iglesia de Dios a
atravesado. En la segunda parte presentamos las principales categorías útiles
par interpretar las particularidades de
la misiología de la Iglesia de Dios (organización, zonas de desarrollo,
personajes, métodos de crecimiento, nexos con el extranjero, doctrina).
Finalmente, luego de presentar nuestras conclusiones, incluiremos un apéndice
con algunos datos importantes sobre la denominación.
Para reunir e interpretar la información hemos
consultado a parte de bibliografía que
sobre el pentecostalismo peruano existe, así como algunas historias de la
misión en el Perú. Entre las fuentes primarias hemos revisado a los libros de
actas de la denominación, documentos oficiales, revistas y anuarios antiguos,
escritos inéditos y documentación
diversa. Finalmente, una fuente indispensable ha sido los valiosos testimonios
de aquellos personajes cuya antigüedad,
protagonismo y credibilidad constituyen elementos de incalculable valor para la elaboración de la historia de la
denominación y del pentecostalismo en general.
Con
todas las limitaciones y defectos posibles, esperamos que esta monografía
contribuya de alguna manera a la recuperación e interpretación de nuestra
historia evangélica y del quehacer misionero de la Iglesia.
Hacia
1945, gracias a una información del misionero pentecostal Arturo Erickson, el
entonces Superintendente para Latinoamérica de la Church of God (Cleveland,
Tennessee), Vessie D. Hargrave, de paso por Lima en un viaje a la Argentina, se
contactó con Hipólito Astete, pastor de las
Asambleas de Dios del Perú (en
adelante AD)[3]. Astete hizo
conocer a Hargrave su congregación y a los alumnos del Instituto Bíblico de su
denominación entre los que se encontraba Carlos Landeo. A este último, Hargrave
le encargó la distribución de la revista El Evangelio en el país.
Dos
años después, en 1947, Hargrave regresó al Perú y se contactó con Antonio
Gálvez, pastor de la Iglesia Pentecostal del Perú (conocida como “La Avanzada” y que después tomará el
nombre de la Iglesia Evangélica Pentecostal Misionera) en Lince. Puesto que
esta denominación acababa de formarse el año anterior por una escisión de las
A. D., el ostracismo que sufrían por parte de las otras denominaciones del país
hizo que personas como Gálvez se mostraran interesadas en establecer nexos con
una organización mundial como la Church of God, que a su vez buscaba
expandirse. Ese año, Hipólito Astete y Eliseo Muñoz quedaron como los primeros
miembros de la Iglesia de Dios del Perú. Los viajes de Hargrave fueron informados positivamente por la
revista interdenominacional Siembra y Siega en un reportaje de la
Iglesia Evangélica Pentecostal Misionera (IEPM)[4].
En
su tercera visita, Hargrave, el año 1948, recibió a las primeras congregaciones
de la Iglesia de Dios del Perú. Antonio Gálvez, luego de retirarse con parte de
la congregación de Lince de la IEPM, formó la primera iglesia de la IDP en el
mismo distrito limeño con 30 miembros. Simultáneamente, en Chaglla (selva de
Huánuco), Roberto Fuster, pastor de unas congregaciones independientes, también
se afilió a la IDP. Gálvez quedó como
representante de la IDP administrando las entregas de literatura de la
denominación y el aporte económico que se enviaba. Sin embargo, la prematura
muerte de Fuster ocasionó que se perdieran todos los contactos con las iglesias
huanuqueñas y que Gálvez se quedará
casi sólo[5].
Ante
esa precaria situación, la misión norteamericana decide enviar al misionero
canadiense Arturo Erickson. Este, desde 1921, había sido miembro de las AD; sin
embargo, por desavenencias con algunos líderes de su misión en el Perú, se
retiró en 1944 y se unió a la Church of God. Su amplia experiencia misionera en
el Perú le facilitó su designación como el primer Supervisor de la IDP aún en
formación[6].
Erickson,
tratando de cumplir cabalmente su labor misionera, se dedicó a visitar aquellas
regiones del país donde había congregaciones deseosas de afiliarse a la IDP.
Así, las congregaciones del llamado Norte Chico (Barranca, Pativilca, Supe,
Paramonga), dirigidas por el joven obrero Juan Urbano, y que pertenecían a la
IEPM, decidieron integrarse a la IDP. Lo mismo ocurrió en Chimbote, donde las
congregaciones dirigidas por Ponciano Vigo (Santa, Chimbote, Casma, San
Jacinto), también de la IEPM, se afiliaron a la IDP. Las gestiones de Erickson
también se extendieron a la sierra ancashina
para lo cual se dirigió a Huaraz y conversó con el misionero Howard
Cragin quien se había separado de las A.D. en 1943 y fundado la Iglesia
Evangélica Pentecostal Independiente; sin embargo, Cragin no aceptó la
invitación. Posteriormente, en 1952, algunas de las congregaciones fundadas
bajo la supervisión de Cragin se afiliaron a la IDP (Chingas, Pomabamba)[7].
Sin
embargo, Erickson también promovió el trabajo en zonas ausentes de las iglesias
evangélicas. Así, juntamente con su yerno Santiago Silva, fundó las
congregaciones en Corpanqui y Gorgorillo (sierra sur de Ancash). En Lima
mientras tanto, gracias al apoyo de algunas jóvenes estudiantes del Instituto
Bíblico de las AD, continuó manteniendo la congregación de Lince[8].
No
obstante, la acción más importante de la administración de Erickson fue la fundación y constitución legal de la IDP.
Eso ocurrió el 5 de julio de 1952 en el templo de Lince. En el Acta de
Constitución se aprobaron los Estatutos de la IDP y se eligió a la primera Junta Directiva oficial[9].
Hacia
1954 ya podemos considerar que el periodo precursor culmina pues las
principales bases para el desarrollo de la IDP ya estaban puestas. En ese año,
personajes importantes en el futuro de la denominación ya entrarán a formar
parte del ministerio activo (Juan Urbano, Juan Alzamora, Víctor Alvarez, Luis
Ruiz) desplazando progresivamente aquellos obreros como Antonio Gálvez, Ademar
Corcuera y otros quienes, en muchos casos, retornaron a sus denominaciones de
origen.
Como
vemos, para abordar el tema de los orígenes de la IDP, podemos considerar dos
perspectivas:
a.
Externa:
A partir de los esfuerzos de la Misión de la Church of God (Cleveland –
E.E.U.U.) y C. H. Ingram (1940) que mostraron cierto interés para establecer
obras en el país, es recién con las breves visitas de Vessie D. Hargrave cuando
la misión norteamericana logra contactos efectivos con los elementos nacionales
y puede así establecer definitivamente. Así, consideramos que el trabajo de Hargrave
es principalmente de enlace y no
precisamente fundacional.
b.
Interna:
Desde el trabajo y ministerio de
aquellos primeros grupos nacionales mencionados anteriormente. Estos
miembros primigenios, procedentes de las nacientes congregaciones pentecostales
del momento (IEPM, A. D., Iglesia de Cristo, Iglesia Pentecostal
Independiente), serán quienes tomarán contacto con la misión norteamericana
para formar la base de la IDP. Consideramos que el auténtico esfuerzo misionero
directo fue realizado por ellos.
Combinando
ambas respectivas podemos afirmar que la IDP es el resultado de la conjunción
de esfuerzos entre la misión norteamericana y los grupos nacionales. Creemos
que sería algo injusto atribuir a una sola persona el mérito de fundar la IDP.
En
el año 1954 llega al Perú el segundo Supervisor de la IDP: Eugene French. A
pesar de los numerosos esfuerzos de Erickson, la IDP, al arribo de French, era
aun muy pequeña. Inmediatamente después de su llegada a consecuencia del
elevado déficit financiero dejado por la administración anterior, tuvo que
recortar el presupuesto para la ayuda de obreros y vender algunas propiedades
en San Isidro (Urb. Jardín y Golf Club), distrito residencial de Lima. Esto ocasionó
la defección de muchos de los primeros obreros y miembros de la IDP quienes
mayoritariamente retornaron a sus iglesias[10].
Así, la congregación de Lince tuvo también que cerrar sus puertas y trasladar
los pocos miembros al grupo de Juan Alzamora dirigía hace poco tiempo en
Giribaldi (La Victoria).
No
obstante, en 1955, en la ciudad de Pativilca, la IDP organizó su primera
Convención Nacional a la que acudieron delegados de las zonas donde la
denominación tenía obras: Chimbote, Norte Chico, Lima, Chingas, Chiquián,
Cochabamba y Piscobamba. Allí también, atraídos por la literatura de la IDP que
circulaba por la región, algunos pastores del Callejón de Huaylas
pertenecientes a la Iglesia de Cristo (denominación salida de las A.D. en
1936), se presentaron con las intenciones de analizar la posibilidad de
afiliarse a la IDP[11].
Entre ellos estaban: Juan Villanca, Francisco Quijano, José Melgarejo, Demetrio
León, Víctor Huertas, José Villegas y algunos más. Aunque inicialmente el
Supervisor no se mostró interesado en el asunto, finalmente, ante la
insistencia del grupo, ascendió a visitarlos a Yungay el año siguiente. Allí,
luego de explicarles la organización y las enseñanzas de la IDP, las
congregaciones de Yungay, en el año 1956 se integraron a la denominación.
En
el año 1957 asumió la dirección de la obra el primer obrero nacional: Juan
Alzamora. Este interesante personaje, inicialmente miembro de la IEPM, se
afilió a la IDP en 1950 con las expectativas de alcanzar una de las becas que
la misión norteamericana ofrecía para
preparar obreros en el Instituto Preparatorio Internacional de Texas. Tres años
después regresó al Perú luego de haberse casado con una norteamericana y asumió
el pastorado en la congregación de Lince que luego se trasladó a la Victoria. En
1956 retornó a los EEUU y allí, el año siguiente, recibió el nombramiento como
Supervisor de la IDP[12].
Consideremos que con el trabajo de Alzamora, se consolidaron definitivamente
las bases sobre las que la IDP se desarrollará en el futuro.
El
mismo año de su arribo, Alzamora inauguró el Instituto Bíblico de la IDP en el
segundo piso de su casa en Lince con un total de 10 alumnos. El año 1958
alquiló una propiedad en Chaclacayo donde estableció las oficinas centrales de
la organización y el Instituto Bíblico. A pesar de las dificultades económicas
causadas por la cautela de la misión norteamericana para darle fondos, pudo
solventar sus gastos con el aporte económico nacional[13].
Los primeros estudiantes, ya formados bajo los moldes y la tradición de la IDP.
Aún así, es interesante notar que entre el alumnado y la plana docente había
personas de otras denominaciones (A.D., IEPM).
La
labor educacional en este periodo se vio consolidada cuando en 1963 se adquirió
la propiedad en Zapallal (Puente Piedra) para el local del IBG (Instituto
Bíblico Gamaliel). A pesar de la amplitud del terreno, es de notar que su
ubicación no es la más adecuada por estar alejado y aislado del centro de la
ciudad. Esta característica también se presenta en la mayoría de los templos de
la denominación ubicados generalmente en zonas aisladas y marginales de las
ciudades.
Durante
este periodo el proceso de extensión de la obra se vio intensificado. La
mayoría de las congregaciones principales que hasta hoy existen tuvieron su
origen en este periodo. En 1958, los distritos (unidad administrativa que
agrupa a varias congregaciones ubicadas en un espacio geográfico común)
existentes eran: Lima, Pativilca (Lima), Chimbote, Yungay, Huacaybamba, Chingas
y Chiquián (Ancash) y Pucallpa (Ucayali). Igualmente, las principales
congregaciones de Lima aparecieron en esos años (San Martín de Porres, Villa
María, La Flor, Tupac Amaru, Ermitaño, Collique y Pamplona) para agregarse a la
única existente (La Victoria). Finalmente, también se hicieron algunos
contactos con iglesias que deseaban afiliarse a la IDP aunque no se concretaron
(Huánuco y Cerro de Pasco)[14].
En
el trabajo son sectores especializados de la iglesia, en 1959 se eligió el
primer Director Juvenil territorial (Silvio Vigo). En 1962 se analizó el primer
campamento juvenil en el templo de la Victoria con la asistencia de Josué
Rubio, dirigente juvenil latinoamericano de la ID. Desde 1965, el departamento
juvenil trabajó bajo un comité directivo cuyos primeros integrantes fueron:
Silvio Vigo, Lorenzo Burga, Juan Fonseca y Alfonso Gómez. Fue la época de la
consolidación de las Escuelas Dominicales y de la aparición de las Escuelas
Bíblicas de Vacaciones para el trabajo con el sector infantil de la iglesia.
Aunque
aun no se organizaba el trabajo con el sector femenino, es importante verificar
el hecho de que en periodos tan tempranos como la década del 50, ya había
mujeres que ejercían responsabilidades pastorales (Isabel de Espinosa en
Chaccho, Lila Arce en Machac). Podríamos afirmar que, en general, las mujeres
han tenido mayores oportunidades en la IDP frente a la experiencia de otras
denominaciones, aunque el machismo tampoco ha estado ausente[15].
Así,
consideramos que el periodo 1954 – 1967 fue en el cual la IDP adquirió una
identidad propia a partir de la herencia recibida de su origen norteamericano
(una combinación de la tradición del movimiento de santidad con la del
pentecostalismo) y de las peculiaridades que el movimiento pentecostal ha ido
adquiriendo progresivamente en nuestro país. Esto se puede verificar desde el
estilo administrativo y las formas de organización hasta la liturgia y las
rígidas exigencias éticas de la denominación, aunque en la actualidad muchas de
estas características tienden a modificarse.
El
periodo de Alzamora llegó a su fin en el año de 1967. Luego vendrá toda una
etapa de fuerte presencia misionera extranjera. Aunque los conflictos internos
no estuvieron ausentes en este periodo, será en el siguiente cuando aquellos se
sentirán con mayor fuerza. El principal motivo de dichos conflictos estará en
las diferencias entre las perspectivas de trabajo entre los misioneros y los
obreros nacionales, aunque las ambiciones personales también estuvieron
presentes[16].
Entre
mayo y diciembre de 1967, un “cuerpo de tres”, nombrado por la Superintendencia
Continental de la ID se encargo de la administración de la iglesia. Los que los
formaban eran: Carlos Landeo, Luis Ruiz y Fred Sylvester (norteamericano). Este
último solo estuvo ese año por la impresión negativa de los obreros nacionales
tuvieron de él. Un hecho importante ese
año fue la incorporación de la ID al seno del CONEP (Concilio Nacional
Evangélico del Perú), aunque ya desde antes la colaboración intereclesial estuvo presente en el trabajo de la
organización.
Luego
que en 1967 había llegado el misionero norteamericano Fred Sylvester, el año
siguiente dos misioneros más, Paul Childers (EEUU) y Roberto Rodríguez (Puerto
Rico), vinieron al país para asumir los
dos cargos más importantes y mejor remunerados de la organización: Supervisor
Nacional y Director Educacional respectivamente[17].
Este periodo marcará el retorno de los
miembros extranjeros quienes desde la época de French habían estado ausentes de
la organización. Fue una etapa de crecimiento numérico, de construcciones, pero
también de conflictos.
En
los tres años de administración Childers, se edificó la mayor parte de la
infraestructura que hasta hoy posee la IDP. Se adquirió la casa en la Av. San
Felipe (Jesús María) que continúa sirviendo como sede de la oficina central de
la denominación y como residencia del Supervisor Nacional; se constituyeron
gran parte de los ambientes del Instituto Bíblico Gamaniel (IBG) y los templos
de las congregaciones en Pucallpa, Pativilca, La Victoria, Tupac Amaru, La
Flor, San Martín, Platanal, Llamellín, etc.[18].
Es curioso observar que todas estas edificaciones tenían un diseño
arquitectónico similar que podría denominarse como el “estilo de la IDP”; un
estilo que sigue los modelos de los templos de la denominación en EEUU. La
investigación de la arquitectura eclesiástica puede ser muy valiosa para
analizar y comprender influencias, estilos y actitudes en las iglesias.
No
solo los modelos arquitectónicos nos dicen algo sobre la ideología que heredó
la IDP, sino también la ubicación de los templos y propiedades que la
organización adquirió. Estos se ubican generalmente en zonas rurales o pueblos
pequeños o, de lo contrario, en los suburbios o márgenes de las ciudades.
Creemos que el hecho de que la denominación en EEUU haya surgido y crecido
entre campesinos blancos[19]
y se haya desarrollado en zonas marginales influyó decisivamente para que la
IDP adquiriera caracteres similares.
A
pesar del relativo avance que la iglesia experimento en el periodo de Childers
(1968 – 1970), el carácter dominante de este misionero provocó que pronto los
conflictos internos se presentaran. Aunque los pretextos para encender las
hostilidades de los dirigentes nacionales contra el Supervisor fueron diversos
(manejo financiero, agresiones verbales, clientelaje), detrás de todo estaba en
la incompatibilidad entre dos formas de pensamientos distintas: el misionero
que exigía sumisión absoluta y no creía ser responsable ante los nacionales, y
los dirigentes del país quienes interpretaban a la rebeldía abierta como un
mecanismo para hacer respetar sus derechos[20].
Debemos agregar que no siempre lo que motivaba a los obreros nacionales era el
sentimiento nacionalista sino que muchas veces, detrás de ese eslogan, había
profundas rivalidades y ambiciones personales.
En
1970, luego de dos años de conflictos menores, el Cuerpo de Consejeros en pleno
(Luis Ruiz, Carlos Landeo, Silvio Vigo, Alfonso Gómez y Juan Fonseca) se
declaró hostil a la administración Childers. Ante ello, la misión
norteamericana emitió un fallo favorable al Supervisor ocasionado que el Cuerpo
de Consejeros y otros obreros mostrarán su disconformidad; el Supervisor por su parte, amenazó con la expulsión de
todos ellos. Este fue el momento en el que fue más claro el peligro de la
división en la denominación. Finalmente, Alejandro Portugal, el conflicto
amainó. En septiembre de ese año, Paul Childers dejó el cargo de Supervisor[21].
Para muchos de los protagonistas y testigos de estos incidentes, estos marcaron
una tradición de desconfianza y sospecha entre los ministros que se esta
tratando de erradicar poco a poco.
En
la educación teológica, el IBG siguió consolidándose como el único centro de
preparación de pastores de la Iglesia. Las gestiones de Roberto Rodríguez, Paul
Stewart, Luis Martínez y Adolfo Rosín fueron benéficas para elevar el nivel del
Instituto. Entre los estudiantes de esa época estuvieron: Leonardo García,
Guido Rojas, Alejandro Ramírez, Justa Saavedra, Máximo Chávez, Hilda Ariza,
Víctor Pacheco, Dina Cuéllar, Rolando Cuéllar y otros quienes cumplen
responsabilidades importantes en la organización[22].
El
crecimiento de la iglesia se vio afectado cuando en mayo de 1970 el terremoto
afectó en numerosas congregaciones en Ancash. En Yungay casi toda la membresía
murió y los templos fueron destruidos; mientras que en Chingas, Chiquián,
Pativilca, Trujillo, Chimbote y el resto del Callejón de Huaylas, las iglesias
sufrieron pérdidas de templos, casas pastorales y vidas humanas. Sin embargo,
fue una ocasión útil para que las iglesias de otros países demostraren
solidaridad con la iglesia del Perú (llegaron ayudas de Argentina, Uruguay,
Paraguay, Brasil, EEUU, del Comité de Misiones y de particulares)[23].
La
administración de Enrique Aldama no vio cambios fundamentales en la
organización sino que se dedicó a consolidar el proceso de crecimiento iniciado
con Childers y a establecer la unidad. El avance en el nivel académico del IBG
fue evidente luego de la llegada de Adolfo Rosín, pastor argentino que dio especial
énfasis a este aspecto durante su administración. En esos años, el aumento del
número de congregaciones obligó a aperturar nuevos distritos eclesiásticos
(Lima Norte y Lima Sur), a iniciar un programa de institutos bíblicos rurales
para ofrecer una formación teológica a obreros de zonas rurales con un nivel
académico mínimo y a regionalizar el trabajo juvenil. Igualmente, se inició un
trabajo coordinado con el sector femenino de la iglesia (Departamento de
Trabajadoras Voluntarios). Las construcciones y la inauguración de nuevos
templos continuó (Supe, Pativilca, Villa María, Gorgorillo, Huacchis, Yungay,
Florencia de Mora) así como la incursión en nuevos proyectos como la dirección
de un programa radial en Chimbote[24].
En
1974, luego de tres años de administración, Enrique Aldama salió del país. Esos
años, los distritos eclesiásticos eran los siguientes: Lima Sur, Lima Norte,
Pativilca (Lima), Chimbote, Yungay, Chingas, Chiquián, Canchabamba, Carhuaz,
Huacchis (Ancash), Trujillo (La Libertad) y Pucallpa (Ucayali). El bastión de
la iglesia seguía estado en Ancash.
En
septiembre de ese año llegó el misionero chileno Oswaldo Orellana para asumir
la Supervisión Nacional. Sin embargo, su estancia en el cargo fue muy corta
pues por su nacionalidad el Gobierno Peruano, en esos momentos en tensas
relaciones con Chile, le negó la autorización para permanecer en el país.
Algunos testimonios cuentan que Orellana vivió casi como un ilegal en el país y
a fines de 1975 tuvo que salir. Los Libros de Actas no registran ninguna
reunión durante este periodo. A pesar de todo, se concretó la afiliación de
algunas nuevas congregaciones a la denominación.
Así,
un grupo de iglesias independientes de Cerro de Pasco, bajo la dirección de Pío
Campos, Emilio Vidal, Lorenzo Jiménez y otros más se afiliaron a la IDP.
También en Tingo María, algunas congregaciones de la Iglesia Maranatha se
afiliaron a la IDP aun en zonas rurales de esa provincia, ésta ya tenía algunas
pequeñas iglesias. Ya en la administración siguiente, se concretó la afiliación
de una congregación independiente en Huánuco y otra en Trujillo. Todo esto
significó una renovada ampliación de la membresía de la IDP[25].
Vista
la difícil situación de la administración de la denominación en 1976 llegó al
país el misionero mexicano Silvestre Pineda. Su gestión representó un periodo
de transición hacia una iglesia más autónoma y con una visión más amplia. En el
aspecto administrativo este periodo tuvo algunas transformaciones. En la
Convención Nacional de 1978, en el pleno de los pastores aprobó el plan de la
reforma de los Estatutos siguen
vigentes hasta hoy. De la misma manera, aunque ya en 1969 se habían discutido,
se planificaron formas para implementar un plan de seguro y jubilación pastoral.
Lamentablemente para los pastores esa ha sido una discusión eterna pero
infructuosa. Finalmente, los diversos Departamentos reactualizaron sus planes de trabajo a fin de acomodarse a
la nueva situación de la iglesia.
Influenciada
por las corrientes de iglecrecimiento, la IDP inició un nuevo énfasis en los
programas de evangelismo. Se nombró un Comité Nacional de Evangelismo y un
Evangelista Nacional. En 1978, acorde con los planes de la Iglesia de Dios a
nivel mundial, se acordó duplicar la membresía en el plazo de una década y dar
un nuevo impulso al análisis estadísticos. Sin embargo, las estadísticas son
bastante desconfiables pues casi una tradición el hecho de que al culminar la
administración de un Supervisor las estadísticas muestran una numerosa
membresía que el Supervisor ingresante disminuirá con el justificativo de
mostrar una membresía real[26].
En
el ámbito educacional, esta etapa puede clasificarse como la del apogeo del
Instituto Gamaliel. En 1980 se registró 48 alumnos internos, la mayor cantidad
alcanzada en todos los años de existencia de la institución. Igualmente, en
1978, se inauguró el Instituto Bíblico
Berea, programa de educación teológica nocturna[27]. Esta década de crecimiento y
conflictos culminó con algo de esto último. Nuevamente, a semejanza de lo
sucedido en 1970 con Childers, se presentaron fricciones entre el Supervisor y
el Cuerpo de Consejeros (Luis Ruiz, Máximo Chávez, Juan Fonseca, Silvio Vigo y
Leocadio García). Las críticas de la dirigencia nacional tenían que ver con la
manera como el Supervisor administraba la iglesia. Finalmente, el impase empezó
a superarse hacia 1980[28].
Como
un hecho notable, no resulta interesante observar que el interés en la historia
de la denominación empezó a sugerir también en esta época. En 1979 se aprobó
una propuesta para elaborar una reseña histórica de la denominación pero, como
muchos otros acuerdos, solo quedó ello:
un acuerdo. El interés de revisar el pasado puede interpretarse como un primer
paso hacia la madurez (evidentemente no el único) y hacia la búsqueda de una
identidad propia.
4.
ENTRE LA
CRISIS Y LA APERTURA (1981 – 1990)
La
década del 80 en el Perú es recordada como la de la violencia. Fueron años de
apogeo del terrorismo y de toda su secuela de inseguridad y terror. Además, fue
una década de profunda crisis económica que evidentemente afecto a la IDP. Al
igual que otras denominaciones evangélicas, la IDP tuvo que soportar
privaciones económicas, persecuciones en zonas rurales afectadas por el
terrorismo, problemas en zonas productoras de coca y otras situaciones más.
Ante ello, la iglesia tuvo que pensar seriamente en que la misión no se reducía
únicamente a la proclamación verbal del Evangelio sino también tenía que ver
con la proyección hacia las necesidades
integrales de la sociedad.
Por
otro lado, también fue un periodo de la apertura pues a consecuencia de lo
anterior y de la propia maduración de la iglesia, la denominación empezó a
incursionar en aspectos y espacios nuevos. Así por ejemplo, producto del
ascenso social de las familias convertidas, los profesionales en la iglesia
empezaron a ser cada vez más numerosos. De la misma manera, algunos pastores y
líderes empiezan a incursionar con mayor frecuencia en espacios
interdenominacionales como AGEUP, CONEP, Sociedad Bíblica, TFL, etc. el contacto
fluido con realidades eclesiales distintas fue sin duda provechosa.
En
1984, Silvestre Pineda, el último Supervisor extranjero que tuvo la IDP, dejó
el cargo. Ese mismo año retornó al Perú quien fuera Director Educacional entre
1975 – 1980; Silvio Vigo. La gestión de Vigo duró hasta 1994. Hacia 1982 se
inició un proyecto para establecer una panadería en el local del IBG; aunque
los objetivos eran bastante provechosos para la institución, luego de un
periodo de funcionamiento tuvo que suspenderse por falencias administrativas.
De la misma manera, a mediados de la década se inició el programa de los
Centros Estudiantiles (COMPASSION) en algunas iglesias para dedicarse a la atención integral de niños y
adolescentes (alimentación, reforzamiento escolar, formación moral y
espiritual). Aparte de esto, en otras congregaciones se iniciaron diversos
programas para hacer frente a la crisis económica (comedores, creación de
fuentes de trabajo)[29].
En
la educación teológica, los que dirigieron el IBG entre estos años fueron:
Leocadio García (1981 – 1983), Máximo Chávez (1984 – 1987) y Juan Fonseca (1988
– 1989). Las generaciones más recientes de pastores fueron formadas en esta
década. En 1986 se inició un programa de Instituto Bíblico por Extensión a fin
de alcanzar a aquellos obreros imposibilitados de trasladarse a la capital.
Finalmente, en 1988, empezaron a realizarse los Seminarios Pastorales de Verano
que hasta ahora subsisten.
En
esta etapa, la iglesia se consolidó en aquellas zonas donde ya tenía presencia:
Lima, Barranca, Pativilca, Chimbote, Trujillo, La sierra de Ancash, Cerro de
Pasco, Huánuco, Tingo María y Pucallpa. Hacia 1987 se inició una obra en Ica
bajo la dirección de Néstor Murga, y en Arequipa se consolidó una iglesia que
se había iniciado a inicios de la década. Estas fueron las únicas nuevas zonas
a donde la IDP incursionó con éxito relativo. En Lima, con la idea de
establecer una congregación en una zona céntrica de la ciudad, se adquirió en
1989 un terreno en el distrito de Magdalena para edificar allí un templo
central de la IDP en Lima. Es un proyecto que hasta ahora no ha podido
concretarse. Los trabajos de los departamentos (Esfuerzo Juvenil, Ministerios
Femeniles, Caballeros) continuaron realizándose sin mayores transformaciones,
apoyando las iniciativas de trabajo de las congregaciones locales y a nivel
distrital.
Hacia
1990 las condiciones en el país empezaron a cambiar. Ese año la Iglesia
Evangélica tuvo que enfrentarse por primera vez al fenómeno de una
participación masiva de sus miembros en la política nacional. La IDP no tuvo
ajena en ese proceso y partición masiva de
sus miembros en la política nacional. La IDP no estuvo ajena en ese
proceso y participó activamente en él[30].
Esta década crítica culminó demostrando que la IDP tiene que aprender mucho en
el camino de enfrentarse a nuevas situaciones y desafíos.
5.
HACIA UN NUEVO
MILENIO: LOS NUEVOS DESAFIOS (1991)
La década del noventa, para el país y el
mundo, apareció con nuevas situaciones. El renovado auge del neoliberalismo
político y económico, la crisis de las
ideologías tradicionales, el avance tecnológico, la renovación de la
religiosidad, etc., marcan la era que
vivimos hasta ahora.
En
1991, la IDP realizó uno de los cambios más trascendentales de su historia: la
creación de un territorio autónomo en la sierra de Ancash, el lugar donde por
mucho tiempo la denominación tuvo su bastión, se convirtió en el territorio Nor-Andino.
Aunque las estadísticas no son muy confiables para determinar el crecimiento de
la iglesia, la creación de una entidad autónoma sí nos muestra que hubo
crecimiento pues la atención
centralizada desde Lima ya no era suficiente para atender a todo el país. El
primer Supervisor fue Santiago
Malpartida (1991 – 1992) y luego Seidel Chávez quien desde 1993 sigue atendiendo en la región hasta hoy[31].
En
el aspecto de la educación teológica hay una decadencia. El programa internado
del Seminario Bíblico Gamaliel (SBG) se clausuró en 1993 aunque el trabajo ha
continuado a través de Seminarios de Verano, programas de extensión, módulos
para Bachilleratos y cursos diversos. Sin embargo, la carencia de un centro
permanente para la formación de nuevos pastores esta influyendo para que exista
una escasez de obreros disponibles para atender las congregaciones.
Al
igual que en otras denominaciones evangélicas, en la IDP se presentó el desafío
del movimiento carismático. Aparecido inicialmente en el sector juvenil, su
influencia se ha extendido notablemente en la denominación obligando a los
sectores dirigentes a reflexionar seriamente en ello. Recientemente, el tema de
la identidad pentecostal ha cobrado fuerza en la denominación tanto por la
incursión carismática como por el propio proceso de maduración de la iglesia.
Es un debate que en el futuro definiera la situación y el nuevo rostro de la
IDP[32].
1. FORMAS DE
CRECIMIENTO
Es muy difícil distinguir “modelos”
de expansión en la IDP por que, al igual que en otras denominaciones
pentecostales, no ha tenido una estrategia planificada de expansión misionera.
Todas han sido formas espontáneas y creativas. Mencionaremos los dos
principales mecanismos de crecimiento.
a.
Afiliación
Una de las principales formas como
creció la denominación ha sido la afiliación de congregaciones o grupos de
diversas denominaciones a la organización. En los orígenes fue un pastor de la
IEPM con un grupo de creyentes el que formó la primera congregación de la IDP[33].
De allí podríamos enumerar las siguientes anexiones:
-
3 congregaciones de Chaglla – Huánuco (independientes).
-
5 congregaciones de Chimbote (IEPM).
-
Varias congregaciones de Barranca (IEPM).
-
4 congregaciones del Callejón de Huaylas (Iglesia de Cristo).
-
1 congregación de Tingo María (Iglesia Maranatha).
-
1 congregación de Huánuco (independiente).
-
4 congregaciones de Cerrro de Pasco (independientes).
-
1 congregación de Platanal – Trujillo (independiente).
Aunque algunas de ellas no
permanecieron (Chaglla y Chimbote)[34],
otras sí fueron los núcleos a partir de los cuales creció la denominación
(Lince, Barranca, Callejón de Huaylas, Huánuco y Cerro de Pasco).
b.
Fundación
Este fue el otro mecanismo que
permitió la expansión de la denominación. Consistió en la labor, a veces
heroica, de obreros que iban a “campos
blancos”[35] y formaban
nuevas congregaciones. Los obreros que hacía este trabajo carecían de
remuneración económica y por lo general iban por sus propios medios al campo
misionero. La IDP no tuvo un programa o un departamento de Misiones. La
evangelización la hicieron hombres y mujeres convencidos de que Dios los había
llamado arriesgándose a pesar de todo tipo de privaciones por la causa del Evangelio.
Es lo que algunos autores han denominado “misión
al ras del suelo”[36].
Así, a pesar de su nexo con una
iglesia norteamericana, la labor de formación de nuevas congregaciones fue
enteramente hecha por los obreros nacionales. Los misioneros que vinieron fueron solamente administradores de la
obra. Solo recientemente se han presentado el caso de misioneros extranjeros
que viene apoyados por alguna iglesia de su país a fundar nuevas congregaciones[37].
Al referirnos a los métodos
específicos que utilizó la IDP para realizar la evangelización, podemos
mencionar: campañas evangelísticas, apertura de anexos, aires libres, distribución
de literatura, etc.[38].
En ello podemos observar que la IDP ha conceptualizado la “misión” sólo en
términos de proclamación verbal del Evangelio y dejado de lado la acción
social. En general, se ha medido el “éxito” de los pastores en términos
numéricos y no tanto por la concreción de una misión integral. Podemos decir
que la IDP ha tenido un énfasis iglecrecentista frustrado. Ha medido el éxito
en categorías numéricas pero no ha crecido numéricamente. Tal vez por allí
podemos hallar en elemento de juicio para explicar las limitaciones
misiológicas de la IDP[39].
2. ZONAS DE
DESARROLLO
Desde un inicio, la IDP se ha
desarrollado principalmente en zonas rurales. En las etapas más recientes
ingresó a las ciudades, sin embargo, allí estableció sus congregaciones en los
suburbios y márgenes[40].
Solo a partir de mediados de la década del ochenta, la denominación ha
planificado estrategias para llegar las ciudades importantes y a zonas
céntricas de ellas. En la década del cuarenta, sólo había una congregación de
Lima (Lince) y un grupo de las iglesias en la sierra huanuqueña (Chaglla),
dirigidas por Roberto Fuster. En los cincuenta se perdió el contacto con estas
últimas pero se afiliaron grupo de otras denominaciones pentecostales en el
Callejón del Huaylas, Chingas, Chimbote, Pativilca, y la misma denominación abrió iglesias en Supe,
Chiquián y Lima(La Victoria y San Martín) formándose las bases sobre las cuales
se desarrollaría posteriormente.
En los sesenta se iniciaron
congregaciones en Trujillo y Pucallpa; y en Lima, aparecieron las iglesias de
La Flor, Tupac Amaru, Villa María y Collique. Todas estas estaban ubicadas en
los llamados “pueblos jóvenes”, zonas donde los inmigrantes andinos se
asentaron. En la sierra ancashina se continuó con la expansión hacia Huacchis,
Piscobamba y Marañón. Fue una década en la que se consolidó lo ya obtenido. En
los setenta se verificó un nuevo periodo de expansión. Se afiliaron
congregaciones independientes de Cerro de Pasco, Huánuco y Tingo María. En
Lima, se consolidaron las obras establecidas, incluyendo a Ermitaño y Pamplona
que ya desde la década pasada se habían formado.
En los ochenta, la IDP ingresa a
Ica, Arequipa e Iquitos y consolida una obra iniciada en Apurímac. En Lima
aparecen congregaciones en Zapallal, Villa de los Reyes, Ancón, Planeta,
Chosica y algunas más. Finalmente, en los noventa, se ha continuado
consolidando estas iglesias. En Lima se han iniciado algunas congregaciones
pequeñas y se adquirió el local en el distrito de Magdalena, zona residencial
de la ciudad, donde se proyecta construir el templo central de la denominación
en Lima. En provincias se ha incursionado a Huancayo y recientemente a
Chiclayo. Luego de la creación del territorio Nor–Andino parece que el
desarrollo de la iglesia en la sierra de Ancash ha vuelto a recuperar la
vitalidad de antaño.
Así, reiteramos la idea de aquella
IDP es, por la ubicación de sus congregaciones, de rural y marginal; rural
porque en provincias se ha desarrollado en pueblos y ciudades pequeñas en zonas
totalmente rurales; y marginales porque en las ciudades se ha asentado en
suburbios populares. La IDP no tuvo una estrategia programada para alcanzar a
los sectores populares del país, sino que su propia naturaleza y los medios de
los que disponía le llevaron a esas zonas. La denominación, al igual que otras iglesias pentecostales, alcanzó a
aquellos grupos en el catolicismo y las denominaciones evangélicas
tradicionales no pudieron atender. En ese sentido, creemos que la IDP, sin planificarlo,
cumplió con llevar el evangelio a los desposeídos y olvidados[41].
Recientemente, por la influencia de
las corrientes misiológicas del Iglecrecimiento y por el ascenso social de
sectores urbanos en la IDP, se está planificando alcanzar a las capas medidas y
profesionales de las ciudades. Es una intención que esta estudiando pero que
hasta ahora ha tenido resultados limitados por la falta personal, medios
económicos y continuidad en el trabajo. Creemos que las estrategias de
expansión, la denominación no debe olvidar sus raíces y posibilidades vigentes.
3. LOS PERSONAJES
Es muy difícil mencionar a todos
aquellos obreros, misioneros, líderes y laicos que tuvieron parte de la
responsabilidad en la edificación de la IDP. El trabajo sería doble si
intentamos hacer una caracterización de los mismos. Solo mencionaremos algunos
elementos de juicio.
Los obreros y pastores de la IDP
nunca se han caracterizado por su excelencia académica, su preparación
profesional ni sus buenos ingresos económicos, exceptuando a algunos. El cuerpo
pastoral más bien ha sido pobre y poco preparado. Sin embargo, han sido
personajes que utilizando lo poco que tenían, supieron extender el Evangelio a
lugares que otros, tal vez más preparados, no han podido llegar. El personal
ministerial durante mucho tiempo fue pobremente remunerado; solo la mística y
el compromiso lo llevó a cumplir su misión[42].
Es interesante observar que en la
denominación, la influencia de determinados personajes en el ámbito nacional,
regional y local, ha influido notablemente para delinear las características de
la membresía. Por ello, al hacer un análisis de la historia, nos es difícil
prescindir de Supervisores y Directores pues sus gestiones, en la mente de
cualquier pastor consultado, forma una etapa homogénea (la época de Alzamora o
la época de Pineda). Lo mismo ocurre a nivel local, pues cualquiera de los
miembros se refiere a la “época” de tal o cual pastor. Además, es interesante
observar que en el ascendiente y la impronta que algunos personajes en algunas
zonas los convierten en una suerte de “patriarcas” de la iglesia[43].
Podríamos continuar, pero dejaremos
este análisis para una ocasión posterior esperando el aporte de aquellos que
“hicieron” la historia. Solo nos queda agregar que mientras la IDP no comprenda
que su principal riqueza es su gente y no aprenda a valorarla, será muy difícil
que pueda enfrentar con éxito los desafíos que se le presentan ahora.
4. LO EXTRANJERO Y
LO NACIONAL EN LA IDENTIDAD DE LA IDP
Aunque nos falta mucho para brindar
un análisis concluyente sobre el grado de influencia que la IDP recibió de su
nexo con Cleveland (sede mundial de la
ID), sí podemos dar algunas pistas que en investigaciones posteriores
profundizamos.
En primer lugar, la IDP no es
estrictamente una iglesia nacional. Su organización, doctrina, prácticas,
currículos de estudio, etc. se rigen por lo que Cleveland dispone. El
Supervisor Nacional es nombrado en EEUU sin que en el cuerpo ministerial
nacional tenga la posibilidad de expresar su parecer al respecto[44].
De la misma manera, gran parte de las iniciativas de evangelización, educación
e incluso reestructuración, parten de allá[45].
Sin embargo, tampoco podemos
considerarla como el producto de una misión extranjera. Por ejemplo, mientras
que las A. D. tuvo a lo largo de su historia 91 misioneros extranjeros, la IDP
solo tuvo 10[46], con una
permanencia muy efímera (en promedio sólo tres años de permanencia). La obra ha
sido levantada por los obreros nacionales quienes, a pesar de ser
mayoritariamente formados en modelos extranjeros, al llegar al campo de misión
tuvieron que utilizar formas creativas para enfrentar los desafíos que se les
presentaron. Además, exceptuando a los pastores, la identificación de la
membresía con el origen norteamericano
de la denominación es muy limitada.
En un segundo lugar, debemos
resaltar que no ha existido en la denominación una actitud negativa hacia su
herencia extranjera. Los conflictos que se produjeron (con Childers y con
Pineda) tuvieron más que ver con la personalidad dominante del misionero y las
ambiciones personales de algún nacional que con una reacción homogénea de los
obreros contra la herencia extranjera
de la IDP. Por el contrario, el cuerpo ministerial frecuentemente ha resaltado
su conexión con una organización mundial con cierto orgullo[47].
Esto nos lleva a considerar que, en
la IDP, la influencia misionera ha sido y es muy fuerte, sin necesidad que haya
habido un a masiva presencia de misioneros. Sin embargo, es una influencia que,
a partir de nuestra perspectiva misiológica, puede incluso considerarse como
beneficiosa pues la misiología de la IDP no solo tiene ausencias, sino que
también posee elementos rescatables que se originan justamente desde dicha
influencia misionera. Como ejemplo de ello proponemos la naturaleza popular y
marginal de la denominación, pues fue la herencia misionera la que optó por ese
camino. De la misma manera, la aprobación del ministerio de la mujer, la
apertura la trabajo denominacional y la
ausencia de cismas importantes son también parte de esa impronta misionera.
Sería muy interesante analizar los
énfasis teológicos y misiológicas de la denominación pues allí existen
elementos de juicio para evaluar las particularidades de la identidad de la
IDP, pero dejaremos ello para un trabajo posterior. Sólo diremos algo sobre la
praxis ética de la denominación. Como
cierto autor lo ha afirmado, a América Latina no llegó el pentecostalismo negro
norteamericano con su actitud crítica frente a la problemática socio – político
de la sociedad, sino que vino el pentecostalismo blanco, más conservador en su
actitud en la sociedad[48].
La ID en EEUU nació entre campesinos blancos como una ideología política
conservadora y una teología fundamentalista con poco interés en fomentar el
cambio social. Así por ejemplo, en el caso del racismo, aunque la denominación
es interracial, desde 1912 ha predominado la separación de las congregaciones
negras del trabajo general de la denominación, siendo aquellos subordinados al
liderazgo blanco[49]. La idea de
santidad, fundamental en la doctrina de la denominación, se circunscribió al
cumplimiento de un riguroso código ético individualista.
Ese modelo se ha reproducido en la
IDP. A lo largo de su historia, para muchos de sus dirigentes, ha sido más
escandaloso ver el cabello corto en una mujer que observa el problema en la
injusticia social. Incluso, en algunas ocasiones, el accionar político de algún
ministro o miembro fue censurado en el argumento de evitar “las cosas de este mundo”[50].
Si revisamos las agendas y acuerdos de las diversas convenciones y reuniones
generales de la IDP, se observa que se han dedicado exclusivamente a asuntos
administrativos y a la planificación de actividades intraeclesiales; no ha
habido acuerdo o declaraciones ante todos los diversos problemas del país. La
acción social se ha reducido el convenio que la IDP hizo con algunas
organizaciones para – eclesiásticas (ALFALIT, Misión Basilea, COMPASSION,
MISIUR, etc.) y a casos aislados de congregaciones con cierta proyección social
(talleres, comedores populares, centros de trabajo)[51].
Sin embargo para no hacer una evaluación anacrónica, también es verdad que la
ética social de la IDP ha sido semejante a la del resto de las iglesias
evangélicas del Perú. Incluso tal vez ha tenido un compromiso mayor que algunas
de ellas.
En la actualidad existe en la
denominación una renovado interés por rescatar su herencia y también por
incluir en su práctica elementos que han estado ausentes de ella como la
preocupación social. En ello es importante resaltar el contenido de la
Declaración de Quito de la ID de Sudamérica. Esta incluye acápites sobre: “El creyente y la política”, “la
responsabilidad social de la Iglesia” y “las enfermedades contemporáneas
(SIDA)”[52].
De la misma manera, el Plan General al 2000 de la IDP incluye declaraciones
sobre preocupación por nuestra sociedad y la proyección a la comunidad[53].
Es un paso adelante en la recuperación de un aspecto de la misiología de la
denominación había olvidado.
Existe una generación, que podríamos llamar “vanguardista”, la que, a partir de su contacto con otras realidades eclesiales y con un fuerte compromiso con su denominación, esta tratando de promover aquellos cambios que permitan a la IDP, reafirmando su herencia, cubrir los vacíos que su perspectiva misiológica aun mantiene. De la misma manera, el creciente contacto con la ID de otros países latinoamericanos, está permitiendo que la experiencia recogida por estas, contribuya al proceso de apertura de la denominación y le de un carácter cada vez más latinoamericano. Utilizando términos antropológicos, la IDP