LA MISIOLOGIA DE LUCAS EN EL EVANGELIO Y EN LOS HECHOS

 

 

PABLO DAVIES

 

Muchos han tratado de escribir la historia de los hechos sucedidos entre nosotros (Lc. 1:1 VP). Como sucedió con la historia de Jesús y de la iglesia, posteriormente muchos han tratado de escribir acerca del Evangelio de Lucas y el libro de los Hechos[1]. Los misionólogos, en particular, han considerado a los escritos de Lucas como una obra especial. Según David Bosch, hay varias razones que justifican este interés. En primer lugar, la iglesia emplea Lucas 4: 16 – 21 como principal pasaje misionero. En algunas tradiciones este pasaje ha reemplazado a la Gran Comisión. En segundo lugar, en los escritos de Lucas se aprecia el carácter central de la misión, ejemplificada por el hecho de que se escribió una historia de la misión de la iglesia y una historia de Jesús. En tercer lugar, posiblemente Lucas fue el único gentil que escribió un libro del Nuevo Testamento. Esto implica que sus obras muestran a un escritor de la primera generación de cristianos gentiles y también presentan las primeras disputas entre cristianismo judío y de los gentiles[2].

 

Comenzaremos examinando varios aspectos misioneros del Evangelio de Lucas y de Hechos, y después reflexionaremos acerca de algunos de los temas principales y su relación con la realidad latinoamericana.

 

Una misionología de Lucas

La estructura misionológica de Lucas – Hechos: el progreso del “camino”

 

Como lo expresara Tannehill, la estructura de Lucas – Hechos es importante para entender la obra completa[3]. Podemos considerar esta estructura como la historia del progreso del “camino” del Señor, según lo demuestra el uso de las citas del Antiguo Testamento:

 

Isaías 40: 3 – 5, Isaías 61: 1 – 2, Joel 2: 28 – 32, Isaías 6: 9 – 10 (40: 5)

[Lucas 3: 4 –6] [Lucas 4: 18 – 19] [Hechos 2: 17 – 21] [Hechos 28: 25 – 28]

Lucas 24: 44 – 49.

 

Estas citas proveen un armazón para entender la misionología de Lucas a partir de la clave que proporciona Isaías 40: 3 - 5[4]. El “camino” del Señor progresa y nada puede detenerlo.

 

Lucas empieza el cuerpo de su Evangelio con esta cita y Hechos termina con una referencia a Isaías 6, que parece oponerse a la idea de que “todo el mundo verá la salvación de Dios”. Aunque Mateo y Marcos usan esta cita de Isaías 40 en sus Evangelios, solo Lucas incluye el versículo 6, enfatizando que “todo el mundo verá la salvación que Dios envía” (Lc. 3: 6, VP). Navone dice que el hecho de que Lucas use este versículo “subraya el camino del Señor a los gentiles[5] y por eso se le puede entender como el pasaje clave de toda obra[6], que muestra el progreso del “camino” del Señor.

 

La comprensión del progreso del “camino” del Señor y la misión de Jesús se amplía en las palabras del sermón de Nazaret (Lc. 4: 18 – 19) [Is. 61: 1 – 2]. Bajo esta forma de relato sólo aparece en Lucas y se lo ha llamado “un discurso programático”[7]. En ella Jesús establece los parámetros de su misión.

 

Algunos de los temas de esta sección, tales como la prioridad de los pobres y el año favorable del Señor, son asuntos claros en todo el Evangelio. Después del incidente en Nazaret, el “camino” siguió adelante y Jesús comenzó a ir de un lado para otro llevando a cabo su ministerio. Su actividad no tenía pausas (Lc. 4: 1, 14 – 44; 5: 1, 12: 6 – 12,17; 7: 1 – 11). “Da la impresión de Jesús se mueve de un lugar para otro... llevando la salvación de Dios a su pueblo[8].

 

Vemos nuevamente este movimiento en “la crónica de viaje” (9: 51 – 19: 44). Sin embargo, inmediatamente antes de esta narración aparece una parte de la historia de la transfiguración que es distintiva de Lucas donde Jesús está hablando con Moisés y con Elías. En 9: 31, Lucas emplea la palabra “éxodo” (“partida”, NVI) para enfatizar la naturaleza dinámica de la misión de Jesús y la importancia del proceso del “camino” en su ministerio. También durante la crónica de viaje de Jesús repite varias veces de su intención de ir a Jerusalén (9: 51; 10: 22; 14: 25; 17: 11; 18: 35; 19: 28) para sufrir y morir, hecho que se registra como el fin del “camino” (Lc. 19 – 24).

 

Es obvio que no todos vieron la salvación de Dios a través del ministerio de Jesús, pues su misión estuvo dirigida principalmente al pueblo judío. Sin embargo, Hechos 1: 1 señala que el primer libro (el Evangelio) contaba todo lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar hasta el día en que fue llevado al cielo (Hch. 1: 1 – 2, NVI) y esto sugiere que el segundo tomo contaría lo que Jesús continuaba  realizando a través de su iglesia[9]. El fin del versículo 2 lo resalta más aún con la explicación de lo que los discípulos debían hacer.

 

La tercera cita del Antiguo Testamento explica la manera en que se llevará a cabo la obra de Cristo (Hch 2: 17 – 21 [Jl 2: 28 – 32]) mediante la acción del Espíritu Santo. Es importante notar que, además de la obra misionera que realiza, el Espíritu une la misión de Jesús con la de la Iglesia. El Espíritu descendió sobre Jesús al principio de la misión del nazareno (Lc. 3: 22; 4: 18 [Is. 61: 1]) y se derramó sobre todo su pueblo al comienzo de la misión de la iglesia (Hch 2:17 [Jl 2:28]).

 

El Espíritu guía al “camino” para que lleve la salvación hasta el fin del mundo. El mensaje está moviéndose en círculos concéntricos crecientes. Jesús predijo que los discípulos iban a ser testigos en Jerusalén, Judea y Samaria llevando el “camino” (Hch. 9: 2; 19:9 –23; 22:4; 24: 14 –22) hasta el fin del mundo. Algunos eruditos consideran que esta declaración es un orden de trabajo para la historia de los Hechos. El evangelio se mueve de Jerusalén hacia el fin del mundo. Al fin de cada sección, Lucas hace un resumen del movimiento del evangelio (Hch. 6: 7; 9: 31; 12: 24; 16: 5; 19: 20; 28: 31). La idea es que “la palabra se extendía, la iglesia crecía, el camino del Señor continuaba su progreso triunfal[10].

 

La cita de Joel termina con la frase “todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo” (J. 2: 32, RV), lo que tiene reminiscencias de la última frase de Isaías 40: 5. Lucas está subrayando la universalidad del evangelio, pero amplía el argumento. Toda persona verá la salvación del Señor, pero solamente los que invocaren el nombre del Señor serán salvos. El arrepentimiento es importante en la misiología de Lucas.

 

Finalmente, en Hechos aparece otra “crónica de viaje”. Esta vez el viajero es Pablo, quien va de Jerusalén a Roma (caps. 21–28). Este fragmento de la historia del “camino” del Señor culmina con el apóstol en el centro del Imperio Romano, predicando “con toda libertad” (Hch. 28: 31) El evangelio empezó su viaje en Nazaret y culmina en Roma, el centro del mundo. Como ya se ha señalado, la cita de Isaías 6 parece oponerse a la profecía de Isaías 6: 9 – 10 pero, después de la cita, Pablo insiste en que, a pesar de la terquedad de los judíos, nada iba a detener el “camino” porque “a los gentiles es enviada esta salvación de Dios” (Hch. 28: 28 RV). Así, Hechos finaliza con la misma idea con que empezó el Evangelio: “toda carne verá la salvación de Dios”.

 

 

Los temas misionológicos en Lucas – Hechos

 

Si las cuatro citas del Antiguo Testamento forman la estructura de la misionología de Lucas y la clave está en Isaías 40: 3 – 5, el relato de la comisión de Lucas 24: 44 – 49 puede verse como el punto en que convergen los ramales del Evangelio para luego diseminarse con el fin de recorrer el trayecto narrado de Hechos. En este pasaje se explica claramente la naturaleza de la misión y así “sintetiza la teología lucana del Evangelio y mueve al lector a adentrarse en el relato complementario de los Hechos[11]. Por eso, esta sección es un excelente lugar para comenzar a estudiar los principales temas de la teología de la misión en Lucas – Hechos. Como señala Bosch, este pasaje refleja:

 

La totalidad de la comprensión “lucana” acerca de la misión cristiana: es el cumplimiento de las promesas bíblicas; llega a ser posible únicamente después de la muerte y resurrección del Mesías de Israel; su meollo es: el mensaje del arrepentimiento y perdón; esta destinado a “todas las naciones”; comienza “por Jerusalén”; se implementará por medio  de “testigos”; y se llevará a cabo en el poder del Espíritu Santo[12].

 

Vamos ha usar la cita de Bosch como un esquema para el análisis de los temas misionológicos de Lucas – Hechos.

 

“El Cumplimiento”. Lucas está muy preocupado por el cumplimiento de las promesas bíblicas. La misión de Jesús y la misión de la Iglesia están arraigadas en la tierra de la Biblia hebrea. La continua referencia al cumplimiento de las Escrituras es uno de los métodos que Lucas usa para enfatizar la comunidad entre Israel y la iglesia[13]. Las promesas de Lucas 24: 46–49 acerca de la misión a los gentiles siguen al encabezamiento “está escrito”. Hechos es un libro de cumplimiento profético. La profecía cubre al libro desde el principio hasta el fin.

 

Lucas empieza su Evangelio diciendo que está a punto de escribir “las cosas que se han cumplido” (Lc. 1: 1, NVI). Los relatos en torno a la Navidad muestran que el bebé de Belén era el cumplimiento de las esperanzas de Israel (1: 54–70). En Nazaret, Jesús proclama que él es el cumplimiento de la profecía de Isaías 61 (Lc. 4: 21). En el monte de la transfiguración, Moisés y Elías están hablando de lo que se va a cumplir (9: 31b) en Jerusalén, y Jesús se encamina a dicha ciudad para que se cumpla la profecía con su muerte (13: 33).

 

En Hechos también se respira una atmósfera profética. Pedro interpreta la venida del Espíritu Santo como un cumplimiento profético (2: 17ss.); la vida, muerte y resurrección de Jesús se aprecian de la misma manera (2: 25–35; 3: 13–18; 4: 11; 8: 32). Al final de Hechos, Pablo repasa el viaje del “camino” y concluye que la espectacular aceptación de Cristo por parte de los gentiles (Hch. 28: 28 [Is. 40: 6]) y el rechazo parcial de Cristo por parte de los judíos (Hch. 28: 26–27 [Is. 6: 9–10]) son un cumplimiento profético. Para Lucas, todo el hecho de Cristo y el progreso del “camino” son un dramático cumplimiento profético.

 

La relevancia misionera de la profecía no siempre es conocida. El mensaje profético anuncia que Dios controla la historia y actúa en ella. Y, como dice Roger Hedlund, la esperanza de los profetas estaba cifrada en que, a la larga, Dios intervendría en la historia de su pueblo e instituiría su reino de justicia y rectitud[14]. Lucas dice que Dios ha actuado y está actuando en la misión de Jesús y la iglesia.

 

“La Muerte y la Resurrección”. Lucas enfatiza que la misión de la iglesia tiene su fundamento en la muerte y resurrección del Mesías de Israel. Al considerar que el asunto central del evangelio es el hecho de la muerte y resurrección de Jesús, el carpintero, Lucas está en armonía con el resto del Nuevo Testamento. Jesús mismo enfatiza que debe ir a Jerusalén para sufrir (9: 51; 13: 32 – 33; 18: 31 – 33). La palabra dei (“debe”) tiene el sentido de fuerza. Los ángeles sentados en la tumba remarcan la necesidad del sufrimiento mesiánico (24: 7 – 26). Así, la “labor mesiánica [alcanza] su clímax” y se convierte en el trampolín de la misión de la iglesia[15].

 

En este contexto, en Lucas – Hechos surge la cuestión de la necesidad del sufrimiento. Tanto el sufrimiento del Mesías como el de sus siervos son importantes. Esto muestra nuevamente el vínculo indisoluble entre la misión de Cristo y la de sus siervos.

 

En el Evangelio, Jesús enfrenta la oposición de los líderes religiosos, que terminan provocado su muerte. Este sufrimiento y esta oposición continúan en la comunidad de la iglesia. El evangelio se extiende por medio del sufrimiento, la persecución y el martirio de los apóstoles y de los cristianos en general. Algunos de los apóstoles sufrieron prisión (Hch. 4: 1ss.; 5: 1ss.) y, como Esteban, fueron lapidados (6: 6 – 8: 1). La iglesia, como consecuencia, se fue dispersando al compás del crecimiento de la persecución (8: 1b – 3). El Señor le dijo a Saulo (antes de que se transformara en Pablo) cuánto iba a sufrir como siervo de Cristo (9: 16). Y así sucedió: en sus viajes encontró innumerables opositores (13: 8, 45, 50; 14: 4s., 19; 16: 16ss.; 17: 5, 13, 32; 18: 6; 19: 23) y más tarde fue arrestado (21: 30) y encarcelado en Roma (cap.28).

 

Lucas recalca que el mensaje de la salvación “será llevado a las naciones en el sufrimiento y por el sufrimiento[16] del Mesías y de sus seguidores.

 

“El Arrepentimiento y el Perdón de Pecados”. La salvación (y el arrepentimiento y el perdón como temas de anexos) es un elemento central en el mensaje de Lucas – Hechos. Examinaremos dos aspectos de la salvación. En primer lugar, ¿qué significa la salvación para Lucas?.

 

Jesús resume la extensión de la salvación que trajo en las palabras de Isaías 61: 1–2, un pasaje cuyo lenguaje es el del jubileo. El jubileo fue esencialmente la reversión de la fortuna de los pobres y la cancelación de las deudas (Lv. 25; Dt. 15). La misión de Jesús tuvo implicaciones radicales para la fortuna de muchos.

 

El hecho de que los pobres reciben la salvación ocupa un lugar especial en el pensamiento de Lucas. Hay varios relatos que solamente aparecen en el Evangelio de Lucas, cuyos protagonistas  son los pobres (6: 20–24; 12: 16–21; 16: 19–31; 19: 1–10). Y también la bienaventuranza de Lucas respecto a los pobres tiene un significado muy importante en comparación con su paralelo en Mateo. Mateo dice, literalmente, “dichosos ustedes los pobres en espíritu” (makapioi oi qtwxoi tw tneumati, 5: 3) mientras que Lucas solamente menciona “dichosos ustedes los pobres” (makapioi oi qtwxoi, 6: 20). Gutiérrez señala: “...los pobres a quienes bendice son lo opuesto de los ricos que condena, es decir, aquellos que carecen de lo necesario. La pobreza de que se habla en la primera bienaventuranza sería entonces la pobreza material”[17]. El comentarista tiene razón, aunque podemos tratar de explicar el significado de la expresión de Lucas pensando que los pobres, quienes no poseen ni siquiera lo que necesitan, tiene más probabilidad de darse cuenta de su necesidad espiritual. Esta parece ser la sugerencia de la interpretación de la Versión Popular. Con esto en mente, Jesús puede decir también que es difícil que los ricos entren al reino (Lc. 18: 25) porque confían en sus riquezas y no en Cristo[18]. Los pobres no ocupan tanto espacio en Hechos, aunque se describe a los miembros de la comunidad eclesial prosiguiendo con el cuidado de los más necesitados y compartiendo sus posesiones entre sí (Hch. 2: 44 – 46; 4: 32 – 35; cf. Dt. 15: 4).

 

En la misionología de Lucas también se destacan otras personas marginadas. Él acentúa el papel de los samaritanos (9: 51s.; 10: 25ss.; 17: 19) quienes, aparentemente, son el punto de partida de la misión a los gentiles[19]. Un sábado, Jesús sanó a una mujer encorvada (13: 10 – 17). Y luego visitó especialmente a Zaqueo, el recolector de impuestos para los romanos (19: 1 – 9). Para Lucas, la salvación alcanza a personas a las que nadie quería tocar.

 

Lucas incluye la sanidad y el exorcismo en la salvación. Más que ningún otro autor neotestamentario, recalca el ministerio de sanidad de Jesús, vinculando con la predicación del reino, tanto en el Evangelio (4: 18 – 19; 9: 6) como Hechos (3: 1ss.; 5: 12 – 16; 8: 7; 10: 38; 28: 8 – 27).

 

Para Lucas la salvación también tiene consecuencias políticas. Esto es claro especialmente en los relatos navideños, en los que destaca el concepto de la salvación como aparece en el Antiguo Testamento. La exaltación de los humildes (1: 51 – 53), la liberación del pueblo de Dios (1: 71 – 74), las dádivas de la luz y la paz, (1: 77 – 79) y la revelación y la gloria (2: 30 – 32) son conceptos que cobran vida en el contexto de la salvación. El mensaje es que Dios preparó la salvación para Israel en el pasado, derribando a los grandes y poderosos, y levantando a los humildes, y va a repetir su acción en Jesús. El perdón de los pecados es un resultado importante de la salvación. A menudo este perdón se observa en el marco de los milagros de sanidad, pero siempre aparece en un contexto de arrepentimiento (Lc. 1: 77; 3: 3; 5: 20–24; 6: 37; 7: 47–49; 11: 4; 12: 10; 17: 3–4; 23: 34; 24: 47). En Hechos, los apóstoles predican la salvación que incluye el regalo del Espíritu Santo (Hch. 2: 38; 5: 32), la sanidad física (4: 9–10) y el perdón de los pecados (2: 38; 8: 22; 10: 43; 13: 38; 26:18).

 

Para concluir, la salvación no es simplemente la certidumbre de la beatitud eternal que tiene el alma humana  sino que representa un concepto más amplio e integral. En palabras de David Bosch, como en el caso del “ministerio de Jesús hemos de liberar a los adoloridos, cuidar a los pobres, proporcionar un hogar a los desechados y marginados, y ofrecer perdón y salvación a todos los pecadores[20].

 

En segundo lugar, según Lucas ¿cuáles son los requisitos de la salvación? El arrepentimiento y la fe son elementos que aparecen desde el principio hasta el fin de la obra de Jesús y ocupan un lugar importante en la salvación.

 

Juan el Bautista predica un bautismo de arrepentimiento (Lc. 3: 3) y Jesús llama al arrepentimiento a los enfermos espirituales (5: 32). El arrepentimiento requiere acción y Lucas presenta varios ejemplos de los frutos de esta acción. Juan exigió esos resultados en 3: 8, y aparecen, por ejemplo, en el caso de Leví (5: 27s.), el oficial romano (7:9), la pecadora (7: 36ss.) y el hijo perdido (15: 21). Es interesante notar el énfasis en lo económico que tienen las exhortaciones de Juan el Bautista. Lucas es el único evangelista que las incluye (cf. Mt. 3: 1 – 12; Mc. 1: 1 – 12). Por lo tanto, podemos decir que en Lucas el uso correcto de la riqueza se ve como un fruto de arrepentimiento. Después que la salvación llega a su casa, Zaqueo comienza a utilizar bien su riqueza (19: 8ss.). Los ricos no deben confiar en sus posesiones sino usarlas correctamente (Lc. 12: 13 – 21, 22 – 34). Lucas brinda otros ejemplos de personas que usaron su dinero como Dios deseaba (Lc. 7: 5; 10: 35; 19: 8; 23: 50–54; Hch. 2: 44; 4: 32–37) y también de algunas que no lo emplearon de esta manera (Lc. 12: 13–21; 16: 19ss.; 18: 18ss.; Hch. 5: 1–10; 8: 18–19). Parece que en Hechos el arrepentimiento y la fe adquieren un nuevo énfasis. Los judíos deben arrepentirse de la muerte de Jesús (Hch. 2: 23 – 38; 3: 28 – 29) y los gentiles, de su idolatría (14: 15; 17: 30 – 31).

 

La salvación en Lucas – Hechos es un término amplio que abarca “las marcas del maligno... incrustadas en la vida humana: los presos, los enfermos, los ciegos, los paralíticos, los oprimidos[21] e “incluye ciertamente la transformación total de la vida humana, el perdón de los pecados, la sanidad de las enfermedades y la liberación  de todo tipo de esclavitud[22].

“Todas las Naciones”. La universalidad del evangelio y su extensión a todas las naciones es también un tema importante para Lucas. Como ya debemos expresado, la clave para entender su misionología es que “todo el mundo verá la salvación del Señor”, hecho atestado en la profecía del Antiguo Testamento y cumplido por la misión de Jesús y de la Iglesia.

 

El propósito de la misión de Jesús era universal, pero su ejecución fue incompleta[23]. Jesús no predicó a muchos gentiles, aunque este aspecto de la misión se prefigura enfáticamente en todo el Evangelio. Simeón profetizó  que Jesús iba a tomar el papel de siervo del Señor como una luz a las naciones (Lc. 2:31). La genealogía que aparece en Lucas, y es que es distinta a la del Evangelio de Mateo, muestra la herencia común de Jesús con toda la humanidad, ya que inicia el árbol genealógico no desde Abraham sino desde Dios mismo, el padre de todo ser humano (3: 23ss.). Los gentiles, a menudo, son objeto de una descripción positiva en el Evangelio. En el sermón de Nazaret, Jesús señala el hecho de que, en los días de Elías y Eliseo, se sanaron dos gentiles. “Lo que les comunicó, inter alia, fue que Dios no solamente era Dios de Israel sino también, y de la misma manera, el Dios de los gentiles[24]. Jesús mismo sana a algunos gentiles: el siervo del centurión y el hijo de una mujer gentil (7: 1–16). Lucas es el único de los sinópticos que registra que el leproso que le dio las gracias al Señor era un samaritano (17: 11ss.). “La misión a los samaritanos” sugiere una ruptura fundamental con las actitudes judías tradicionales[25]. Finalmente, Lucas ubica el envío de los setenta (o setenta y dos) junto a las maldiciones para las ciudades impenitentes. Probablemente este envío prefigura la misión de los gentiles, representados por Tiro y Sidón (10: 1–23). Pablo y Bernabé se hacen eco de esto en Hechos 13: 46 cuando les dicen a los judíos en Antioquía de Pisidia: “nos volvemos a los gentiles” (RV).

Obviamente, en Hechos la misión a los gentiles es más prominente. En el día de Pentecostés (2: 8 – 11) están presentes muchos pueblos no judíos, y de ellos surgen tres mil personas que llegan a ser pueblo de Dios (2: 41). La inclusión de los gentiles en las filas de la Iglesia crece con la conversión de Cornelio y su familia, y el subsecuente regocijo (10: 1 – 11, 18). La misión a los gentiles ha llegado a un punto importante cuando Pablo arriba a Roma y, aunque allí culmina su obra, la misión prosigue (Hch. 28: 28). En parte se ha cumplido la aplicación universal del evangelio: judíos y gentiles, en el centro del mundo civilizado, están viendo la salvación de Dios.

 

“De Jerusalén”. La historia del progreso del “camino” tiene su lugar central en Jerusalén. Para Lucas, Jerusalén “no sólo es la meta final de las peregrinaciones de Jesús y el lugar de su muerte, sino también el sitio desde el cual el mensaje saldrán en círculos concéntricos, hacia Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra[26].

 

Jerusalén, y todo que representa el templo para la religión judía, ocupa un lugar central en el mensaje de Lucas – Hechos. El evangelio empieza (1: 5ss.) y culmina (cap. 24) en Jerusalén. En la “crónica de viaje” se lo ve a Jesús yendo hacia Jerusalén (9: 51ss.). A partir de 19: 28 el Evangelio se sitúa en Jerusalén y sus alrededores, donde los apóstoles reciben el poder para su obra misionera (24: 49) y acontecen algunas de las más espectaculares conversiones (Hch. 2: 41; 4: 4). Los misioneros constantemente retornan a Jerusalén (Hch. 8: 25; 9: 26; 11: 2; 15: 2; 21: 17) y los ancianos de la Iglesia de esta ciudad tienen obviamente  un mayor grado de autoridad (11: 1; 15: 1ss.). Pablo también se siente compelido a volver a Jerusalén (20: 22) y desde allí el evangelio inicia su camino hacia la meta más distante (Hch. 28).

 

Para Lucas, Jerusalén, más que una ubicación geográfica es “un símbolo teológico de gran significado[27]. Es el centro sagrado del mundo.

 

“El Testimonio”. Los apóstoles conforman un nexo entre la historia de Jesús y de la iglesia, y se les convoca a testificar sobre lo que han visto y experimentado (Lc. 24: 48; Hch. 1: 8).

 

Sin embargo, aun antes de este llamado, “el testimonio” es un tema prominente. Al principio del Evangelio, Lucas afirma que los que “lo vieron con sus ojos” le habían provisto información para su obra escrita (1: 2). En los relatos de la Navidad aparecen muchos testigos del nacimiento de Jesús. Los ángeles testifican a los pastores y luego los pastores dan su testimonio (2: 8 – 20). Simeón y Ana testifican acerca del destino del niño (2: 21ss.).

 

Juan el Bautista testifica sobre la venida de  Jesús (3: 1 – 10). El Espíritu Santo y la voz celestial también testifican acerca de él (3: 21ss.). Lucas destaca que Jesús se les aparece a varias personas que testifican acerca de la resurrección del Señor (Lc. 24). “En Hechos el “testigo” o “testimonio” se convierte en el término apropiado para “misión” ”[28]. Los apóstoles tenían que salir y testificar acerca de la resurrección  de Jesús porque habían sido elegidos como testigos oculares de este hecho (Hch. 10: 41).

 

“El Espíritu Santo”. El Espíritu Santo  es el principal motor en Lucas–Hechos. “Entre todos los evangelistas, san Lucas es el que trata más detalladamente acerca del Espíritu[29]. El Espíritu Santo esta involucrado vez tras vez en los relatos de la Navidad. Juan fue  lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre” (1: 15, RV) y el Espíritu aparece como el agente de la encarnación (1: 35). Él mueve, llena y se revela a Elisabeth (1: 41), a Zacarías (1: 67) y a Simeón (2: 25 – 27). Durante el ministerio de Jesús la influencia del Espíritu  es continua. Jesús iba a bautizar con el Espíritu (3: 16) y esta lleno del Espíritu en su bautismo (3: 22). Vuelve del Jordán “lleno del Espíritu” (4: 1) y retorna de su tentación “en el poder del Espíritu” (4: 14). El Espíritu es el espíritu de la misión. La misión de Jesús se inaugura debido a que el Espíritu estaba sobre él (4: 18), y el descenso del Espíritu potencia a los discípulos para su trabajo misionero (Hch. 2: 17 – 21).

 

El Espíritu de lenguas a los apóstoles (Hch. 2), llena a Esteban en su trabajo y predicación (6: 3 – 10), dirige a Felipe en su conversación con el eunuco (8: 8 – 29) y después lo transporta a otro lugar (8: 39). El Espíritu Santo hace los preparativos y dirige el evento esencial en el que Cornelio recibe el mensaje del evangelio. En otra etapa clave de las misiones, el concilio de Jerusalén, se reconoce a los gentiles como cristianos porque tiene el mismo Espíritu que los judíos conversos (15: 8). Finalmente, el Espíritu Santo dirige a Pablo y a sus compañeros  (13: 2 – 4; 16: 6).

 

Navone dice:

El don del Espíritu Santo lleva a los discípulos a la obra misionera que habían planificado. No es un proyecto de hombres sino un plan de Dios que se llevará a cabo por medio del Espíritu Santo[30].

 

Se ha dicho que Hechos  debe ser llamado “Hechos del Espíritu “ en vez de “Hechos de los apóstoles”.

 

 

Hacia algunas reflexiones en el contexto latinoamericano.

 

El desafío para la iglesia latinoamericana de nuestros días no es extraer algunos versículos de la Biblia para justificar su misión en el mundo, sino entender y hacer su parte en la misión de Dios (missi Dei) en su contexto, a la luz de la Palabra divina. Por eso la expresión hacía en el subtítulo de esta sección quiere decir que éste es el lugar en que podemos empezar a descubrir  una misionología de Lucas–Hechos para América Latina. No todos los temas mencionados anteriormente pertenecen al contexto latinoamericano, pero es posible agrupar en tres secciones a los que me parecen más pertinentes para nuestro interés: el modo de la misión, el mensaje de la misión y el motivo de la misión.

 

El modo de la misión

 

Sufrimiento. Según lo señalamos anteriormente, el sufrimiento de Jesús (y el de la iglesia) en el cumplimiento de su misión no solamente es un hecho histórico sino algo que Lucas subraya como una necesidad. Para Lucas, el evangelio siempre se comunicó en un contexto de sufrimiento del mensajero.

 

En América Latina, los primeros mensajeros del evangelio vinieron con poder. Los primeros “cristianos” que vieron los indígenas traían la espada y un evangelio de poder. Con los conquistadores vinieron los sacerdotes y, aunque no  podemos propagar “la leyenda negra”, sabemos que la gran mayoría  no defendió los derechos humanos de los aborígenes sino que consintió o participó en su explotación. La mezcla del poder  y la religión ha provocado la impresión de que el cristiano es la religión del opresor poderoso.

 

Esta misma impresión se mantuvo cuando llegaron los primeros misioneros evangélicos a esta parte del globo. No traían consigo el poder militar, pero a menudo venían con la bendición de los gobiernos que recién habían ganado las batallas independentistas. Por ejemplo, el presidente Justo Rufino Barrios, de Guatemala, acompañó personalmente desde los Estados Unidos al primer misionero protestante que visitó su país en 1882. En un continente donde a menudo el dinero es sinónimo de poder, los misioneros que procedían de países de gran poderío económico, sin querer, expusieron al cristianismo como una religión de ricos. Por supuesto que en la actualidad la llamada  “teología de la prosperidad” reaviva esta mala interpretación.

 

En cambio, Jesús vino al mundo en debilidad y vulnerabilidad. No nació en un palacio rico, ni con una posición privilegiada. El hecho de nacer de una campesina joven fue más bien una insinuación de escándalo y los primeros testigos de su nacimiento no fueron personajes importantes sino gente humilde. En su vida  no aspiró a un cargo político ni alcanzó  una gran reputación, sino que identificó con los despreciados, los rechazados y los marginados. Su muerte no fue el deseo honorable de un héroe sino el innoble asesinato de un esclavo o de un criminal común.

 

La comunidad de Hechos continúa en la misma ruta. En la iglesia primitiva, había gente de altas esferas, pero la mayoría eran personas comunes. Los apóstoles nunca pudieron usar el poder del Imperio Romano para cumplir con su misión sino que salieron a la palestra en debilidad y vulnerabilidad. Sufrieron desde el principio de la misma hasta la última página de Hechos.

 

¿Qué nos dice esto? El sufrimiento siempre va a ser parte de la misión de la iglesia. Parece que Dios ha ordenado este tipo de misión. En estos días, en los cuales la Iglesia Católica Romana todavía tiene poder político y la Iglesia Evangélica Latinoamericana está creciendo rápidamente – y está ganando poder político en algunos países – debemos recordar a nuestro Señor manso y apacible. La calificación de “manso” no quiere decir que Jesús no tuviera poder sino que lo usaba correctamente. Como el siervo del mundo que vimos en Lucas–Hechos, la iglesia tiene que identificarse con los despreciados, los rechazados y los marginados.

 

Testimonio. El método que los españoles y portugueses practicaron en su “evangelización” fue inhumano y actuó en contra del evangelio mismo. Daniel Vidart cita un discurso de la época de la conquista llamado el “requerimiento”, que se leía a  los nativos antes de cada avance militar:

 

Si no lo hiciereis, o en ello dilación maliciosamente pusiereis, certifícoos que con la ayuda de Dios yo entraré poderosamente contra vosotros y os haré guerra por todas las partes y manera que yo pudiere, y os sujetaré al yugo y obediencia de la Iglesia y de Su Majestad y tomaré vuestras mujeres e hijos y los haré esclavos, y como tales los venderé, y dispondré de ellos como su Majestad mandare, y os tomaré vuestros bienes  y os haré todos los males y daños que pudiere...[31] 

 

Así llegó el evangelio a América latina.

 

Actualmente aun existe “el método militar” en esa parte del mundo. Muchos libros hablan acerca de la “guerra espiritual”. Mayormente provienen de los Estados Unidos y, en especial, de una escuela de pensamiento que tiene como líderes a Benny Hinn, Kenneth Copeland, Kenneth Hagin y C. Peter Wagner. Una corriente dentro de este movimiento proclama la presencia de espíritus territoriales. El argumento es que cada área del mundo está gobernada por su propio demonio, según una particular interpretación de Daniel 10:13. Entonces, la misión se transforma en acción de identificar y atar los espíritus del país, la ciudad, el área, el barrio, etc. El poder es lo más importante. Para cumplir esa tarea, se llevan a cabo marchas de oración en una ciudad, rogando en las calles y avenidas para reclamar la tierra de Dios. La similitud con el “Requerimiento” es muy estrecha como para ignorarla. El énfasis en el poder, el reclamo territorial y el uso de la palabra “marcha” tomada del léxico militar son ecos del siglo 16.

 

El método principal de la misión de Lucas – Hechos  es el testimonio. Jesús y los apóstoles no salieron con poder militar sino como testigos, dando testimonio  de los maravillosos hechos de Dios. Aunque los apóstoles liberaron a personas endemoniadas, no hay un solo versículo que los presente tratando de echar a un espíritu de una ciudad o área.

 

El mensaje de la misión

 

La salvación.Factores políticos, económicos, culturales, sociales y espirituales parecen conspirar mientras generan inestabilidad, cambio sin control, violencia  y caos” (Taylor y Núñez 1988: 11). Una reflexión más amplia y profunda sobre el mensaje de la salvación descrito en Lucas–Hechos necesitaría un estudio más extenso que el que así se presenta. Antes de reflexionar en Lucas–Hechos sería menester describir, entre otros,  los problemas sociales, culturales e históricos con una descripción breve, en la esperanza de que se lleven a cabo trabajos más profundos al respecto.

 

Quinientos años después de Colón, América Latina es un coeficiente en crisis. El tráfico de drogas es una industria que mueve dos billones de dólares por año y multiplica el problema de la adicción. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional esclavizan a la mayoría de los gobiernos y los obligan a ejecutar políticas que hacen más ricos y más pobres a los pobres. La gente siente que no hay democracia en sus países. Los sectores informales de la economía, la sub–ocupación y la desocupación crecen a pasos agigantados. Cada vez hay más gente mendigando o vendiendo fósforos, chocolates o guías de la ciudad en trenes, ómnibus o en la calle. Todavía hay grupos armados que luchan contra los gobiernos y usan la violencia par llevar a cabo sus propósitos. La amenaza creciente del SIDA afecta a toda la población y la cantidad de gente infectada crece a pasos agigantados. Entre otros problemas crecientes, también pueden destacarse la injusticia y la corrupción – que ya son parte de la vida diaria – los niños de la calle, el machismo y la explotación de mujeres.

 

La iglesia latinoamericana tiene que cumplir su misión en este contexto. La amplia perspectiva de Lucas en cuanto a la salvación nos hace pensar en los problemas descritos con anterioridad. Lucas dice que hay esperanza en este continente de pobreza endémica, opresión e injusticia (4: 18 – 19). La gente necesita oír todo el evangelio de Lucas: la esperanza de pecados perdonados, la liberación de toda clase de prisiones, el jubileo, y la reversión de la fortuna de los pobres y oprimidos. Pero no solamente tienen que oír sino experimentarlo concretamente.  La salvación en Lucas–Hechos no involucró solamente palabras sino hechos y acciones. La solidaridad con los vulnerables, los pobres y los oprimidos es esencial. El mensaje de esperanza pertenece a los chicos de la calle, a las personas afectada por el SIDA, a las mujeres discriminadas, y la iglesia debe involucrarse con ellos.

 

Universalidad

 

Al caminar por las calles de cualquiera de las ciudades importantes de América Latina es inevitable ver el espectro policromático de las raíces. Desde indígenas puros –con algunos rasgos orientales– hasta europeos blancos, desde negros de ébano hasta mulatos, morenos y amarillos[32].

 

La promesa de Jesús de que el evangelio va a alcanzar a todas las naciones es más impactante en este contexto. Había una multiplicidad de razas en el día de Pentecostés y hay una multiplicidad similar  que tiene la necesidad y el derecho de oír el evangelio en América Latina hoy.

 

Pensado en este tema, sale a la luz el problema del racismo. No hay paz entre las razas y eso se verifica en los Andes bolivianos y peruanos, en donde los santuarios a la Virgen de los Mestizos son mucho más poderosos que los santuarios de los aymarás o los quechuas, y en las ciudades más grandes, en donde las caras blancas consiguen trabajo con mucha más facilidad.

 

El evangelio es para todas las naciones y, por los tanto, la dignifica. No era solamente para los judíos y hoy no es prerrogativa de los más ricos o de los descendientes de europeos. La iglesia hoy en día tiene que ser un modelo: debe enfatizar la universalidad del evangelio y el hecho de que  la igualdad que trae esta universalidad dignifica a todas las personas sin distinciones. Las oraciones de un blanco no son más poderosas que las de un indígena. Esto les representa un gran desafío para los misioneros blancos. Tienen que humillarse y actuar coherentemente, en palabras y hechos, frente a sus hermanos y hermanas latinoamericanos.

 

Esta igualdad y universalidad echa por tierra la idea de iglesias monoculturales, es decir, iglesia para chinos, para negros o para blancos. Todavía en América Latina la teoría de “la unidad homogénea” tiene muchos adeptos. La idea en Lucas–Hechos es que todas las naciones compartían su lugar en la misma iglesia. Nuestra evangelización y nuestro discipulado tienen  que reflejar esta doctrina. No se puede desconectar nuestra evangelización de nuestra eclesiología.

 

 

El motivo de la misión

 

El progreso del “camino”. La misión de la iglesia no es una tarea fácil en ninguna situación, pero cuando pensamos en América Latina, “...puede invadirnos un sentido de tristeza cuando contemplamos las iniquidades estructurales que generan pobreza endémica y la tragedia humana[33].

 

Los problemas parecen irremediables, los recursos inadecuados y las vallas insuperables. Los apóstoles del Nuevo Testamento deben haber sentido lo mismo. Las autoridades se les opusieron; los romanos los persiguieron; los dilemas físicos, sociales y económicos fueron insuperables. Pero una cosa los mantuvo en pie, y también puede sostenernos a nosotros: la confianza en que nada detendrá el progreso del “camino” del Señor. Los valles serán rellenados, se aplanarán las montañas, los caminos sinuosos serán enderezados y se alisarán las carreteras poceadas  hasta que todo el mundo vea la salvación del Señor.

 

En nuestra misión en América Latina  tenemos que ser consistentes del éxito final de la misión. Las missiones eclesiae son solamente una parte de la missio Dei, que es propiedad del Señor, quien va a cumplir lo que empezó. Nuestra tarea es acompañarlo en esto. Y este punto nos lleva al último elemento.

 

El Espíritu Santo. La renovación que ha experimentado la iglesia en casi todo el mundo corrigió un desequilibrio en la teología del Espíritu Santo. La iglesia latinoamericana ha visto la obra del Espíritu Santo en varias áreas y de diferentes maneras: su rápido crecimiento, los dones del Espíritu Santo, el avivamiento, la renovación, la sanidad, la guerra espiritual, “la bendición de Toronto”, etc. Sin duda, el Espíritu Santo está activo en ese continente. En ese contexto, la enseñanza de la misionología de Lucas puede ayudarnos mucho. Lucas, “el evangelista del Espíritu”, muestra en sus escritos neotestamentarios varios papeles que cumple el Espíritu.

 

Como hemos señalado, la misión de la iglesia es acompañar a Dios en su misión. Podemos ver la neumatología de Lucas. En Lucas–Hechos el Espíritu inicia la misión, que no habría comenzado sin el ministerio del Espíritu (Lc. 3 – 4; Hch.2). En nuestro contexto podemos afirmar que, en cualquier lugar donde haya un movimiento del  Espíritu Santo, no es sólo para bendición de la iglesia sino para que ella cumpla su misión.

 

También el Espíritu siguió la obra misionera. Él trabajaba en lugares a donde los apóstoles no habían llegado. La experiencia de Felipe  es un buen ejemplo. El Espíritu lo llevó al desierto para encontrarse con el eunuco, quien ya estaba preparado para este encuentro y leía un pasaje de las Sagradas Escrituras  pertinente a su contexto (Hch. 8: 8 – 29). Otro caso es el de Cornelio en Hechos 10: el Espíritu arregló el encuentro entre Pedro y Cornelio, ¡aunque Dios tuvo que convencer al apóstol para que fuera!

 

El contexto latinoamericano, los conquistadores, así como muchos evangélicos, no creían que Dios hubiese arribado a este continente antes que ellos llegaran. Creían que tenían que “traer” a Cristo. Pero, sin duda, el Espíritu estaba en ese continente antes que  los adelantados, trabajando en la cultura y en la gente. Muchos elementos de la  cultura  incaica (p. ej., las tres leyes del inca, el concepto del cóndor como mensajero de los dioses o Viracocha el creador) podrían usarse sin inconvenientes para contextualizar el evangelio, a fin de que la iglesia se radicara en la tierra latinoamericana. Pero, a causa de que los primeros “misioneros” creían en el concepto  de tabula rasa (había que destruir  toda la cultura receptora), estas cosas fueron dejadas de lado.

 

Hoy en día debemos mirar en qué lugares está trabajando el Espíritu Santo para seguirlo. En una conferencia en Inglaterra, Samuel Escobar dijo  que el Espíritu es como el viento. Un niño que juega con un barrilete no controla el viento sino que coloca su cometa en la dirección del viento y lo ajusta para que vuele mejor. Nuestra tarea en cuanto al Espíritu es hacer algo similar. No lo controlaremos sino que  lo seguimos, y nos ajustamos a él para trabajar mejor en la misión. ¡El caso de Cornelio nos muestra que el Espíritu no siempre se mueve en la dirección esperada!.

 

 

 

 

CONCLUSION

 

Lucas nos da un modelo para nuestra misión en cualquier contexto, pero podemos aplicarlo especialmente a nuestra misión en América Latina en lo que se refiere al  modo, el mensaje  y el motivo de la misión. Debemos encarnar el evangelio de Jesús, testificando a  todas las naciones, siguiendo el “camino” del Señor con el Espíritu Santo como nuestro guía.

 

 

 

 

 

 

 

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[1] Véase Marshall, “The Modern Approach to Luke – Acts”, que presenta un panorama de estas investigaciones. D. Senior y C. Stuhlmueller (Biblia y misión, fundamentos bíblicos de la misión, Verbo Divino, Estrella, 1985) mencionan a C. Talbert, “Shifting Sands: The Recent Study of the Gospel of Luke”, Interpreting the Gospels, J. L. Mays, ed., Fortress, Filadelfia, 1981, pp. 197 – 213; R. Karris, What are they saying about Luke Acts?, Paulist, Nueva York, 1979. Senior dice que ha pesar de que haya tanto interés en Lucas en la exégesis actual, no hay un consenso en cuanto a su teología.

[2] David Bosch, Transforming Mission Paradigm Shifts in Theology of Mission,  Orbis, Maryknoll, 1992. p. 84 – 85 (próximamente Nueva Creación lo editará en castellano)

[3] Tannhehill, R. C., The Narrative Unity of Luke – Acts: A Literary Interpretación, vol. 2: “The Acts of the Apostles”, Fortress, Filadelfia, 1990.

[4] Davies argumenta que a Isaías 40: 3–5 se le puede ver como “el texto” de toda la obra.

[5] John Navone, Themes of  St. Luke, Gregorian University Press, Roma, p. 188.

[6] R.E. Davies, “All Flesh Shall See the Salvation of God”: The Foundation of Luke´s Mission Theology, Fuller SWM, Pasadena, inédito, 1987, p. 5.

[7] David J. Bosch, Op. Cit. P. 89.

[8] R.E. Davies, Op. Cit., p. 28.

[9] David Bosch, Op. Cit., p. 28

[10] R.E. Davies, Op. Cit., p. 13.

[11] Senior y Stuhlmueller, op. Cit., p. 347.

 

[12] David Bosch, Op. Cit., p. 91.

[13] Senior y Stuhlmueller, Op. Cit., p. 349.

[14] Roger Hedlund, The Mission of the World. Baker, Grand Rapids, Michigan, 1991 p. 129.

[15] Senior y Stuhlmueller, Op. Cit., p. 351.

[16] Ibid., p. 350.