RACHELL PEROBELLI

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Testigos en el poder del espíritu hasta el último de la Tierra

HECHOS 1.1-11

Cuando me presentaron este tema y vi que el texto de referencia sería Hechos 1.8, me quedé bastante preocupada porque correría dos riesgos: uno de ser extremamente repetitiva y el otro de ser extremamente superficial en las reflexiones. Cuando un texto es tan conocido como éste (y aquí podríamos acordarnos de muchos otros versículos que convertimos en lemas), esos riesgos son inminentes. Como no me gustaría correrlos, intenté hacer una lectura más amplia del texto cogiendo los vers. de 1 a 11, y oírlo de la forma más imparcial posible. Y lo hice sumisa a la Palabra.

Lucas empieza su narración de Hechos, refiriéndose a los temas principales del final del Evangelio (Lc 24.47-49), que son las últimas enseñanzas de Cristo hasta su ascensión, incluyendo la comisión de testimonio del Evangelio y la promesa del Consolador. Enfatiza su testimonio cuanto al Cristo resucitado, como también sus últimas palabras con relación al Reino de Dios.

A los cuales, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoles por cuarenta días, y hablándoles del reino de Dios. v. 3

Lucas hace eso debido a la importancia de comprenderse el ministerio de Jesús pasado a los discípulos y a la iglesia que nacería y se expandiría a partir de allí, relatando la confirmación del ministerio del Espíritu Santo a través de ella. Es a partir de esa comprensión que los discípulos parten en cumplimiento a las palabras de Jesús. De la misma forma, hoy nos es indispensable comprender como nace la vocación de la iglesia, en que se basa y cuál su papel fundamental.

Aún vemos que en la narrativa inicial del libro de Hechos, que Jesús enseña a los discípulos las verdades inherentes al reino de Dios, las cuales parecían todavía incomprensibles por ellos. Buscaban respuestas para sus anhelos, fruto de sus propios valores. Ellos aún esperaban una restauración política de Israel. Eso se expresa claramente a través de la pregunta que hacen:

Señor, restituirás el reino á Israel en este tiempo? Y les dijo: no toca a vosotros saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad; v.6, 7

Parece que ellos siempre querían saber además de lo que Jesús expresaba abiertamente. Es como se un hilo de esperanza aún existiera en ellos, en ver cumplidas las profecías veterotestamentarias así como las entendían. Los discípulos, así como los demás israelitas, todavía soñaban con la vuelta a la "edad de oro", que experimentaron en el reinado de David y Salomón. Aún esperaban por el Estado fuerte con el poder político restaurado. Parecían no percibir que los valores del Reino no se basan en valores humanos. Dios estaba mostrando a través de Jesús valores distintos.

No veo mucha diferencia de nuestros días. Aún parecemos no percibir que Dios no se mueve por nuestros valores. Cuando comprendemos eso, necesitamos intentar la aproximación de nuestra práctica y nuestra existencia, nuestra propia forma de ser y hacer iglesia de acuerdo con los valores divinos, teniendo como referencia única la vida incontestable y soberana de Jesús.

Jesús, conocedor de los designios del corazón, sabía lo que en realidad los discípulos querían descubrir y disminuye sus expectativas para que nadie tuviera dudas y deja claro: "no se preocupen con las cosas que no les toca saber, no se meta en las cosas concernientes al Padre". Inmediatamente tras decir eso muestra cual papel les tocaba:

mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalém, y en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra. v.8

Una vez más aparece expresa la voluntad de Dios para sus siervos. Ese vers. representa el resumen del ministerio de Jesús transferido a los discípulos, ministerio ese que es lleno del Espíritu con el papel de extender el amor de Dios. Este amor que es la pura manifestación de la gracia a los pueblos. Esa es la verdadera restauración de Israel, es el retorno al propósito inicial de Dios de bendecir todas las familias de la tierra. A continuación de esa escena Jesús ascendió a los cielos.

Después de ese rápido recuerdo de lo que nos dice este trecho de Hechos, me gustaría trabajar más profundamente algunos temas que este nos sugiere. Primeramente sería necesario trabajar dos mitos que en mi opinión oscurecen la comprensión de la tarea y práctica de la iglesia de nuestros días. El primero de ellos es acerca de la vuelta de Jesús, hay una inmediatez que parece vincular la vuelta de Jesús a la tarea evangelista. ¿Quién nunca participó de grandes eventos con la preocupación de movilizar el pueblo de Dios en la tarea misionera para que Jesús pueda volver? Parece que está en nuestras manos marcar la vuelta de Jesús, o sea, si quiero que Jesús vuelva, predico el Evangelio. ¿ Pero si no quiero? No es a causa de nuestro arduo trabajo misionero o por el fervor de nuestras oraciones que el Reino de Dios vendrá de forma completa. El Reino de Dios viene a nuestro encuentro a pesar de nosotros, y nuestro papel es de obediencia y servicio.

En los días actuales, la búsqueda por el bien estar y saciedad de los anhelos personales traen consecuencias para la vida de la iglesia. Todo ese proceso nos quita el anhelo por el regreso de Jesús y por la consumación de los tiempos. Eso ocurre por que en el fondo sentimos que vivir aquí es mucho mejor. La iglesia de nuestros días perdió la esperanza escatológica. ¿Eso impediría la consumación de los tiempos? El texto bíblico que se emplea para justificar esa cosmovisión es Mateo 24. 14.

Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio a todos los gentiles; y entonces vendrá el fin.

El texto nos habla de uno de los señales del fin de los tiempos, pero no vincula la vuelta de Jesús al término de la tarea misionera. Dios es el señor del tiempo y no está en nuestras manos cambiar esta verdad. De ninguna manera quiero contradecir la vida de hermanos piadosos que, creyendo de esa manera, se dedican o se dedicaron a la predicación del Evangelio como fruto de su amor por Jesús, abreviando así su esperada vuelta. Mi temor es sobre lo que resulta ese proceso, que poco a poco hace de la iglesia "dueña de los Cielos", capaz de cambiar el corazón de Dios si así lo pedimos con fervor.

Entramos así en el segundo mito que impera en nuestros días. Tenemos el poder para cualquier cosa. Uno de los discursos que más se oye es lo del poder. Además de la expectativa por la vuelta de Jesús, la iglesia anhela por el poder. En Brasil, ministerios enteros son construidos bajo el dicho "poder del Espíritu Santo". Algunos más "bondadosos" enseñan a sus adeptos a "declarar victoria", "tomar posesión de la cura", "declarar el fin del desempleo", etc. ¿ Y cuál la finalidad de todo eso?, el bien estar de los creyentes con sus autos importados y mansiones lujosas, vidas opulentas que están muy lejos de aquello que Jesús vivió y enseñó. De esa forma volvemos al punto anterior donde la iglesia pierde su anhelo de un nuevo mundo, porque este de aquí puede darla mucho más placer.

Donde está el servicio? Y el sufrimiento? Esas palabras casi que desaparecieron. Dios es quien está a servicio de la iglesia. Al final el creyente es quien determina su voluntad. Cuando Cristo promete la venida del Espíritu Santo, él vincula inmediatamente a su único propósito, que seamos sus testigos. El poder del Espíritu nos capacita a sufrir por Cristo con la esperanza de que un día todo terminará y viviremos eternamente en la presencia del Cordero. Este poder es lo que se manifiesta en la donación al próximo, en la búsqueda de la justicia y en la glorificación de Dios. El poder de la Iglesia sólo puede manifestarse en el servicio y en la sumisión. Si ella hace caso omiso de eso, el poder pierde su finalidad.

Además de todo eso, me gustaría que volviésemos al texto, buscando la comprensión exacta de lo que dice, y explorando la preciosidad de estas palabras para nuestra práctica misionera hoy. El texto nos proporciona dos perspectivas distintas, pero que no pueden disociarse.

Y, estando con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él iba, he aquí dos varones se pusieron junto á ellos en vestidos blancos; Los cuales también les dijeron: Varones Galileos, ¿qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús que ha sido tomado entre vosotros arriba en el cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. v. 10,11

La visión de Cristo elevado a las alturas deja los discípulos patitiesos, mirando el cielo y demostrando su entera inmovilidad delante de todo lo que presenciaban. Sin embargo los ángeles les llaman de vuelta para su realidad y tarea. Al mismo tiempo esto estimula la esperanza de que El Amado regresaría. Por un lado somos llamados a no quedarnos en una vida apenas contemplativa y estática. Somos llamados a prestar atención a nuestro alrededor, viviendo nuestro tiempo en armonía con él, pero de acuerdo con los valores del Reino. Así como también somos llamados a prestar atención en los gritos de las persona que piden socorro y a anunciar la salvación que viene de Jesús. Y sobretodo a no perder de vista la esperanza escatológica, pues todo está en las manos del Señor que venció ese mundo y a nuestra propia muerte para que podamos disfrutar plenamente la presencia de Dios mediante Jesús. Siendo que un día todo se cumplirá y el Reino de Dios se hará visiblemente presente. John Stott cita en su comentario de Hechos, lo que Lesslie Newbigin dice sobre la iglesia:

La iglesia es el pueblo peregrino de Dios. Ella está en movimiento, corriendo por los rincones de la tierra implorando que todos los hombres se reconcilien con Dios, corriendo para el final de los tiempos para encontrar su Señor que reunirá a todos... No se puede entenderla correctamente, excepto bajo una perspectiva al mismo tiempo misionera y escatológica.

Esas dos perspectivas siempre estarán presentes en la vida de la Iglesia, o sea, la Iglesia tiene carácter misionero, esa es su finalidad y la razón de su existencia. La misión presupone inserción, encarnación, así como hizo Jesús. La esperanza escatológica presupone la esperanza del trascendente, de aquello que experimentamos parcialmente y parcialmente podemos comprender y que nos lleva al encuentro del Eterno, lo cual no podemos tocar ni ver. Y es esa la tensión que debemos administrar. Una sin la otra es incompleta y nos lleva al yerro e incluso a la elaboración de grandes herejías.

Al llamar la atención de los discípulos, los ángeles están diciendo "vuelvan los ojos a los pueblos, a las personas, y hagan lo que Cristo les instruyó. Miren alrededor y perciban las necesidades de los pueblos, para eso les será dado poder". Al mismo tiempo dicen "esperen del Cielo el libramiento, la instrucción, el consuelo en los días de luchas, la capacitación para la obra, esperen en Dios, Jesús volverá. ¡Aleluya!"

Es esencial que tengamos claros los puntos básicos que puedan fundamentar nuestra práctica, por eso quiero reverlos aquí:

1. Tiempos y épocas pertenecen a Dios

No hay nada en el cielo o en la tierra que no esté bajo la mano soberana de Dios. El final de los tiempos le toca únicamente al Señor, cualquier ansiedad que alimentamos a este respecto nos quita el foco principal que es la anunciación del Reino de Dios.

2. EL poder de la iglesia es para la anunciación del Reino

El poder que nos es concedido es únicamente vuelto para esa anunciación. Él se expresa en nuestra debilidad para que Dios sea glorificado a través de nosotros. Es el poder que nos capacita a servir en obediencia a la vocación dejada por Jesús. Es el poder que se manifiesta en la conversión de las personas, en la transformación de la sociedad, en el amor al prójimo y en el cumplimiento de los tiempos.

3. El Reino es fundamentado en valores eternos

Es el Espíritu de Dios que nos transforma y nos hace comprender los nuevos valores dejados por Jesús, que ni mente ni corazón humanos pueden comprender por si mismos. Pues es revelación de Dios que invade nuestra realidad. Es Reino de justicia y paz, donde somos reconciliados con Dios y somos transformados en sus heraldos. Es perla preciosa que no se queda escondida y ni fue dada para algunos, como si perteneciera a una elite. Fue dada a los débiles, al necesitado, al pobre de espíritu. Es para todos.

4. La vida de Jesús es modelo para nosotros

Tenemos un modelo encarnado. Entender la encarnación es más que simplemente creer que el Verbo se hizo carne, es comprender que Jesús es la propia expresión del Reino entre nosotros. En Él están los fundamentos de la vida de fé, Él es el propio fundamento. Vivir en Cristo es ser ciudadano del Reino y es en la relación con Él que los valores eternos del Reino van tornándose nuestros valores también y cuanto más la persona de Jesús nos es impresa, tanto más seremos testigos vivos de su amor, seremos Su espejo, expresión del imago dei.

Y Jesús es más que un modelo, también nos da la estrategia. Si nos fijamos en la forma como Jesús describe la caminada del testimonio de los discípulos (Jerusalém, Judea, Samaria y confín), percibimos que eso se constituyó la estrategia neotestamentaria que es la expansión en círculos concéntricos del Evangelio. Este modelo no quiere sugerir escala de prioridades como los modelos gerenciales de hoy, pero la amplitud de la anunciación. El texto en griego nos da la idea de concomitancia a través de los vocablos: tanto en, como en, y hasta. Son movimientos circulares que no cesan y que constantemente vuelven al punto inicial. Comienza donde estamos y se irradia alrededor, el impacto del Evangelio es como el impacto de una piedra en el agua que se propaga en olas.

Un otro factor debemos considerar: el testimonio es fundamentalmente personal, pero es en el cuerpo que él toma proporción de la innegable presencia de Dios. Jesús dice "seréis mis testigos", lo que involucra iniciativa comunitaria y presupone participación de todos. Sin duda el testimonio cristiano no puede presentarse aislado y es esa sumisión al otro que hace con que el testimonio sea único. Sé que eso no es ninguna novedad, sin embargo puede ser una verdad olvidada o plenamente ignorada. Ministerios aislados son gritos solitarios que fácilmente pierden su efecto, Dios no nos ha llamado para una "carrera sólo". Por veces la historia nos muestra profetas solitarios clamando en el desierto, por veces necesitamos de ellos para que seamos alertados de nuestra somnolencia y inactividad. Pero debe vivirse la fé en un contexto de comunión, ¿no ocurrió así a la iglesia primitiva? Pablo no fue enviado sólo, y aunque estuviera en la cárcel tenía hermanos acompañándole. Vemos posteriormente la narración sobre la vida de la iglesia primitiva que a causa de su estilo de vida crecía en número, porque día a día el Señor iba añadiendo los salvos. Podríamos hablar mucho sobre la unidad, caso fuera ese el intento de este estudio. Pero sólo la pronunciación de esta palabra nos acuerda principios importantes.

Conclusión

Mucho más podríamos ahondarnos en este pasaje bíblico, debido a su riqueza e importancia, pero necesitamos concluir. El gran desafío de la iglesia en el próximo milenio será precisamente equilibrarse en su práctica, lo que involucra la predicación y el modo de vivir. El Evangelio hace mucho tiempo que se lo transmite como si fuera una "varita mágica". Todo se transforma instantáneamente y todos viven felices para siempre. O entonces el Evangelio se convierte en un campo de batalla, donde vence quien tiene la mejor estrategia, tanto contra el Diablo como contra las iglesias concurrentes. Ningún de los dos ejemplos presentan una visión bíblica. La Biblia nunca nos prometió vida sin tensiones y tribulaciones, al revés nos advierte sobre las dificultades de vivirse insertos en ese Reino de forma genuina. También no nos engaña sobre las artimañas del Diablo como también afirma que todos se arrodillarán y se doblarán delante del Cristo Victorioso. Sobre la concurrencia, la Biblia nos instruye a la unidad y dice que es por ella que el mundo sabrá que Jesús fue enviado (Jo 17.21).

Para uma iglesia encarnada que tiene sus ojos vueltos para el mundo y para la esperanza del regreso de Jesús, no hay fronteras, Dios añadirá los que serán salvos. Si la iglesia es la expresión visible del propio Reino de Dios y así es el canal de su maravillosa gracia. ¿Quién podrá resistir? Y así, caminando en la obediencia y en el servicio ganaremos a naciones para el honor y gloria de Dios Padre.

Bibliografia

HORTON, Stanley M. EL Livro de Atos. Editora Vida, 2 ª ed., 1990

STOTT, John R. W. A Mensagem de Atos. São Paulo, ABU Editora, 1990.

CIRCUNPOLAR- que está ao redor do polo